Con el reinicio del ciclo académico, ha resurgido con fuerza la preocupación por la falta de descanso reparador en la población infantojuvenil. Diversos expertos y análisis a nivel global coinciden en que el sueño insuficiente es un factor crítico que golpea directamente el rendimiento académico y el equilibrio emocional de los estudiantes.
Las pruebas científicas son contundentes al señalar que se debe priorizar el descanso nocturno. Esta es una directriz esencial que deben adoptar tanto los núcleos familiares como las instituciones educativas frente al nuevo calendario escolar. Según la American Academy of Sleep Medicine (Aasm), el sueño es fundamental para procesos como la consolidación de la memoria, el fortalecimiento de las funciones corporales y el desarrollo del cerebro.
Estas labores biológicas cobran una relevancia mayor durante la niñez y la adolescencia, periodos donde el cerebro aún se encuentra en una etapa de maduración activa. Para Jaime Humberto García, quien se desempeña como decano de Ciencias de la Salud de la Universidad Ecci, el sueño representa
“una función biológica muy importante en la vida de los niños, los adolescentes y sus familias”
. El académico sostiene que un descanso adecuado potencia el aprendizaje y garantiza un crecimiento cerebral óptimo.

El especialista García advierte que no dormir lo suficiente acarrea consecuencias severas, tales como problemas de conducta, inestabilidad emocional y una caída notable en las notas escolares. Por su parte, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) respaldan esta postura, señalando que los menores con déficit de sueño presentan fallas de atención, menor agilidad para resolver conflictos y un riesgo incrementado de padecer trastornos emocionales.
Consecuencias integrales de la falta de descanso
Dentro de la práctica clínica de García, se ha detectado que la carencia de sueño suele manifestarse a través del ausentismo escolar, una mayor propensión a sufrir accidentes y dificultades para procesar nueva información. Asimismo, se vincula con la depresión, la ansiedad, cuadros de hiperactividad y fallas en la toma de decisiones.
Existen otros síntomas que, aunque menos evidentes, impactan la vida diaria: incremento del apetito con preferencia por alimentos azucarados, olvidos frecuentes, irritabilidad y brotes de agresividad. El experto es enfático al declarar que
“No se trata solo de estar cansados; hablamos de un impacto integral en la salud y el desempeño de los niños”
.
Las necesidades de descanso varían significativamente con el paso de los años. La Aasm ha estipulado los siguientes rangos de tiempo recomendados:
- Bebés de hasta 3 meses: entre 14 y 17 horas al día.
- Bebés de 4 a 12 meses: de 12 a 16 horas.
- Niños de 1 a 2 años: un rango de 11 a 14 horas.

Para los niños en etapa preescolar (3 a 5 años), el descanso debe oscilar entre 10 y 13 horas. En la etapa escolar primaria (6 a 13 años), se requieren de 9 a 12 horas por noche, mientras que para los adolescentes, la sugerencia se sitúa entre 8 y 10 horas diarias.
Obstáculos y recomendaciones para las familias
Uno de los mayores enemigos del sueño en la actualidad es el uso desmedido de dispositivos electrónicos. La luz azul emitida por estas pantallas interfiere con la melatonina, la hormona encargada de regular el ciclo del sueño. A esto se suman las rutinas desordenadas y el exceso de tareas escolares en horarios nocturnos. García recalca que no solo importa cuántas horas se duerme, sino también la regularidad y la calidad de ese descanso.
Desde el área de Enfermería se proponen estrategias claras para este regreso a las aulas:
- Establecer horarios fijos para acostarse y levantarse, incluso durante los fines de semana.
- Suprimir el uso de pantallas al menos 60 minutos antes de ir a la cama.
- Garantizar un entorno de descanso oscuro, silencioso y con temperatura fresca.
- Realizar actividades que promuevan la relajación, como un baño tibio o lectura.
En el contexto de Colombia, la relevancia del sueño ha escalado hasta el Congreso.
El Senado dio luz verde el pasado 30 de septiembre de 2025, en su segundo debate, a una propuesta legislativa que busca prohibir el inicio de la jornada escolar antes de las 7:00 de la mañana en todos los niveles educativos.
El senador Alejandro Carlos Chacón, principal promotor de esta ley, afirma que
“Limitar el horario al ya mencionado mejora de manera significativa la calidad del sueño de los estudiantes, lo que impacta en su salud física, el bienestar psicológico y la concentración y rendimiento académico de cada uno”
.
Impacto social y demográfico
Esta iniciativa legislativa se fundamenta en modelos internacionales exitosos, buscando entornos educativos más justos. Cifras del Censo de Educación Formal del DANE indican que la jornada matutina es la predominante en el país, con 4.8 millones de estudiantes inscritos en 2023, frente a 1.7 millones en la tarde. El sector público abarca el 78.6% de esta matrícula.
Más allá de lo académico, la medida pretende mejorar la cotidianidad de las familias, especialmente de las madres cabeza de hogar, quienes lideran más del 50% de las viviendas en el país según datos del DANE.
Al reducir la necesidad de madrugar de forma extrema, se busca un equilibrio real entre las obligaciones laborales y el acompañamiento en la crianza.
Para que este proyecto se convierta en ley, deberá superar dos debates pendientes en la Cámara de Representantes. De concretarse, se espera una reducción en los niveles de estrés familiar y un fortalecimiento de la convivencia, permitiendo que el sueño se convierta en el pilar fundamental para el bienestar y el éxito de los estudiantes.
Fuente: Infobae