Un equipo de investigadores de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena ha documentado un hallazgo sorprendente en el sur de Austria que cuestiona las nociones tradicionales sobre la cognición animal. Se trata de Veronika, una vaca doméstica criada como mascota en una zona rural de la provincia de Carintia, quien ha demostrado ser el primer ejemplar de su especie capaz de emplear herramientas de manera funcional.
El estudio, dirigido por los biólogos Antonio J. Osuna-Mascaró y Alice M.I. Auersperg, ha recolectado pruebas irrefutables sobre este comportamiento inusual. Según los datos publicados en la prestigiosa revista Current Biology, la vaca utiliza deliberadamente palos y escobas para rascarse distintas zonas de su anatomía, demostrando una notable capacidad para ajustar tanto el instrumento como la técnica según el área del cuerpo que desea alcanzar. Para el experimento, los científicos presentaron a la vaca una escoba diseñada con dos tipos de terminaciones: un extremo con cerdas rígidas y otro completamente liso.
A través de un riguroso proceso que incluyó siete sesiones con 10 ensayos cada una, los especialistas observaron cómo Veronika manipulaba el objeto utilizando exclusivamente la boca y la lengua. Durante estas pruebas, el animal ajustaba su agarre con gran cuidado para obtener la precisión y la firmeza necesarias para emplear el lado de la escoba que más le convenía en cada momento.
Adaptación y flexibilidad en el uso de herramientas
La conducta de Veronika no se limita a un simple uso mecánico, sino que exhibe una estrategia adaptativa basada en la sensibilidad cutánea. Los investigadores notaron que, al rascarse el lomo —donde la piel es más resistente—, la vaca aplicaba movimientos enérgicos con las cerdas del cepillo. No obstante, al tratar áreas mucho más sensibles, como los pliegues del vientre o la ubre, empleaba el mango de madera para ejecutar una técnica delicada y controlada.
“Veronika estaba adaptando la herramienta a la función. Lo que parecía no funcional, ella lo había convertido en funcional”, afirmó el investigador Osuna-Mascaró en declaraciones difundidas por el diario El País.

Esta sofisticación en el manejo de objetos representa un hito, pues anteriormente estas capacidades se reservaban casi exclusivamente para aves de alta inteligencia y primates. El informe destaca que la vaca no recibió entrenamiento previo para realizar estas tareas. A sus cuatro años de edad, el animal desarrolló esta habilidad de forma espontánea para aliviar el asedio de los insectos durante la época estival. Al respecto, uno de los científicos puntualizó:
“Veronika está durante el verano sometida a la presión constante de los tábanos. Están siempre picándole, siempre molestándole y ella los odia completamente”.
El fin de los prejuicios sobre la capacidad cognitiva del ganado
El impacto de este estudio trasciende el caso individual de Veronika, planteando una nueva perspectiva sobre la cognición animal en especies tradicionalmente consideradas poco inteligentes. El catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, Xavier Manteca, sostiene que es poco probable que este ejemplar sea una excepción absoluta dentro de su especie; más bien, el hallazgo sugiere que estas capacidades podrían estar presentes en otros individuos, esperando ser documentadas.
En esta misma línea, Osuna-Mascaró señala que ya existen reportes informales en plataformas digitales donde se observa a toros y vacas utilizando ramas y palos para higienizarse. Esto podría sugerir que la habilidad para manipular objetos es una capacidad latente heredada de los uros, los ancestros salvajes de los actuales bovinos domésticos.
Finalmente, este descubrimiento pone en entredicho estereotipos culturales arraigados, como la famosa viñeta satírica “Cow Tools” del caricaturista Gary Larson en los años ochenta. El biólogo Osuna-Mascaró argumenta que la broma de Larson contenía errores conceptuales: primero, el suponer que el uso de herramientas por parte de una vaca era algo intrínsecamente cómico; segundo, que sus herramientas serían tan rudimentarias que los humanos no las reconocerían; y tercero, que era absurdo pensar que estos animales pudieran manipular objetos con eficacia. El caso de Veronika demuestra que la realidad científica es mucho más compleja y fascinante.
Fuente: Infobae