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Régimen de Irán profundiza el apagón digital ante masivas protestas

El resurgimiento momentáneo de testimonios críticos en Irán, luego de semanas de un hermetismo digital casi absoluto, ha dejado al descubierto la severidad de la violencia gubernamental desatada frente a las movilizaciones más intensas de los últimos tiempos.

Teherán huele a muerte

, manifestó a través de la plataforma X la comunicadora Elaheh Mohammadi, logrando que su mensaje traspasara las fronteras a pesar de las férreas restricciones impuestas por las autoridades de Teherán.

Mohammadi, quien ejerce como reportera para el medio Ham-Mihan, detalló que el acceso intermitente a la red fue posible únicamente durante un lapso de dos días mediante el uso de redes privadas virtuales (VPN). Esta herramienta se ha vuelto indispensable para activistas y periodistas en el territorio iraní ante el bloqueo sistemático de los canales de comunicación por parte del Estado.

En toda mi vida nunca había visto que nevara en Teherán y que nadie sonriera

, añadió la periodista, graficando el sentimiento de zozobra y la parálisis social que domina la capital iraní.

Desde el pasado 8 de enero, la conectividad a internet en el país se encuentra bajo una restricción severa. El régimen iraní optó por radicalizar el control en el espacio digital con el objetivo de desarticular la organización de las marchas y mitigar la propagación de evidencias visuales sobre el accionar de las fuerzas de seguridad. Organizaciones internacionales de derechos humanos coinciden en que este apagón busca aislar a la ciudadanía y silenciar los testimonios sobre la brutalidad policial.

Origen y escalada del malestar social

El ciclo de descontento social se originó el 28 de diciembre en la ciudad de Teherán. Inicialmente, las movilizaciones fueron encabezadas por comerciantes y habitantes de zonas urbanas afectados por el derrumbe del rial iraní, una inflación incesante y la precariedad de la vida cotidiana. Sin embargo, en un corto periodo, las demandas económicas se transformaron en una impugnación frontal a la estructura política de la República Islámica, extendiéndose rápidamente a diversas provincias del país.

La policía antidisturbios iraní vigila mientras los estudiantes protestan frente a la embajada británica en Teherán, Irán, 14 de enero de 2026. Irán está experimentando un apagón nacional de internet que comenzó el 08 de enero de 2026, en medio de una ola intensificante de protestas antigubernamentales (EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH)

La respuesta de las autoridades ante el levantamiento fue tajante y violenta. Se han documentado operativos con munición real, arrestos a gran escala y la movilización de cuerpos militares y milicias basij en centros urbanos. De acuerdo con la Human Rights Activists News Agency (HRANA), organización con sede en Estados Unidos, se han verificado aproximadamente 4.000 muertes relacionadas con la represión estatal. Adicionalmente, se investigan otros 9.000 fallecimientos sospechosos, mientras que un portavoz gubernamental indicó a la agencia Reuters que la cifra de decesos durante los disturbios supera las 5.000 personas.

La figura de Elaheh Mohammadi ya era conocida por el aparato estatal antes de esta crisis. En el año 2022, su labor informativa cobró relevancia global al ser una de las periodistas que reportó inicialmente el fallecimiento de Jina Mahsa Amini. Cabe recordar que Amini, una joven de origen kurdo, murió mientras se encontraba bajo custodia de la policía tras ser arrestada por una supuesta infracción al código de vestimenta femenino. Aquel suceso fue el detonante de una oleada de protestas previa que terminó en juicios sumarios y condenas drásticas.

Persecución a la prensa independiente

Tanto Mohammadi como su colega Nilufar Hamedi, vinculada al diario Shargh, enfrentaron acusaciones por presuntamente operar como agentes extranjeros. Ambas fueron sentenciadas en procesos judiciales que recibieron fuertes críticas de organismos globales por falta de garantías. Aunque fueron beneficiadas por un indulto en febrero del año pasado, expertos sugieren que dicha medida fue un movimiento estratégico del régimen ante el escrutinio internacional y no un síntoma de apertura democrática.

En esta imagen obtenida por The Associated Press, iraníes participan en una protesta antigubernamental en Teherán, Irán, el 8 de enero de 2026 (UGC vía AP)

En la actualidad, el ejercicio del periodismo libre en Irán atraviesa una fase crítica. Recientemente se confirmó que el periódico Ham-Mihan fue obligado a cesar sus actividades tras realizar una cobertura incómoda para el poder.

Hemos intentado durante todos estos días escribir sobre los muertos y los heridos

, publicó Mohammadi en sus redes sociales, evidenciando los obstáculos infranqueables para reportar la realidad nacional.

El deterioro de la economía es un factor que exacerba la tensión. El rial iraní ha sufrido una devaluación prolongada, producto de las sanciones internacionales y una administración deficiente. Instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han alertado sobre cómo la carestía de la vida golpea con especial dureza a los jóvenes y a los hogares urbanos, sectores que hoy lideran la resistencia en las calles.

A pesar de que el gobierno insiste en calificar las protestas como disturbios orquestados desde el exterior, las acciones de censura y el cierre de medios de comunicación refuerzan la imagen de una administración que apuesta por el control coercitivo. La continuidad de las manifestaciones, aun con el aislamiento tecnológico y la represión física, indica que el conflicto social en Irán ha llegado a un nivel de tensión difícil de aplacar únicamente mediante el uso de la fuerza estatal.

Fuente: Infobae

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