En la actualidad, los canes se han consolidado como los animales de compañía predilectos en diversas regiones. De acuerdo con las cifras proporcionadas por la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos para Animales de Compañía (ANFAAC), tan solo en España la población canina ya supera los 9 millones de perros.
Pese a que la mayoría de los propietarios intenta brindar el máximo bienestar a sus compañeros de cuatro patas, no siempre se toman las decisiones más acertadas. Un reconocido adiestrador canino ha generado debate en redes sociales tras compartir sus conocimientos a través de su cuenta de TikTok (@adiestramiento_n.humedas). En su intervención, el experto es tajante:
“El primer error y, quizás, el peor de todos, es humanizar al perro”
, afirma con contundencia durante los primeros segundos de su explicación.
El especialista aclara que este concepto suele malinterpretarse con frecuencia. No se trata de evitar las muestras de cariño, alzar al animal o tratarlo con afecto constante. El conflicto real surge cuando los dueños intentan descifrar las necesidades y conductas de su mascota empleando una lógica humana, ignorando que el perro posee una percepción del entorno y una forma de reaccionar completamente distinta a la nuestra.
¿Qué implica realmente la humanización del perro?
Un escenario muy común se observa en las razas adaptadas a climas extremos. Existen perros que poseen una doble capa de pelo, la cual funciona como un sofisticado sistema de regulación térmica natural que los resguarda efectivamente tanto del frío como del calor intenso. No obstante, muchos dueños caen en el error de proyectar su propia sensación térmica en el animal, asumiendo que si ellos sienten incomodidad, el perro también la padece de la misma forma.
Esta tendencia a la proyección humana puede derivar en acciones innecesarias, como obligar al perro a permanecer en ciertos sitios o prohibirle el acceso a áreas donde él se siente más a gusto por un temor infundado del propietario. Desde la perspectiva del adiestramiento profesional, el respeto hacia la naturaleza del can implica observar detenidamente sus movimientos, comprender sus elecciones y depositar confianza en sus propios mecanismos biológicos.
Es fundamental recordar que los animales eligen sus lugares de descanso de manera instintiva para maximizar su comodidad, aunque a los ojos de una persona dicha elección parezca carecer de sentido. Cuando se ignoran estas señales naturales para imponer criterios humanos, no solo se le genera un estrés innecesario al animal, sino que también se sientan las bases para futuros problemas de conducta que pueden afectar la convivencia.
La relevancia de descifrar el lenguaje corporal canino
Aparte del fenómeno de la humanización, otra de las fallas más recurrentes es la incapacidad de los propietarios para interpretar correctamente las señales de su perro. A diferencia de los seres humanos, la comunicación de los canes es esencialmente corporal. Aspectos como la tensión muscular, la posición de las orejas, el movimiento de la cola o la forma de desplazarse son indicadores vitales que aportan información clave sobre su estado anímico y emocional.
Por citar un ejemplo, si un perro se muestra inquieto, bosteza frecuentemente o evita el contacto visual de forma deliberada, no está actuando con desobediencia. Al contrario, estas son señales claras de que el animal está manifestando incomodidad o estrés. Si el dueño pasa por alto estas advertencias de forma sistemática, es muy probable que la mascota termine desarrollando problemas de conducta mucho más severos y evidentes.
Finalmente, comprender los procesos de aprendizaje de los animales es un pilar clave para una educación efectiva. El uso del refuerzo positivo, mantener la constancia en el entrenamiento y establecer normas claras son herramientas fundamentales para que el perro logre asociar comportamientos específicos con consecuencias que le resulten previsibles.
Al ajustar la crianza a la forma natural de aprendizaje del perro, en lugar de demandar respuestas propias de un ser humano, se fomenta una convivencia mucho más armónica y se disminuyen significativamente los conflictos habituales entre el animal y su dueño.
Fuente: Infobae