Dentro de las labores habituales en el sector agropecuario —ya sea en zonas rurales, centros de producción o mediante la ingesta de ciertos alimentos— existe una amenaza sanitaria que frecuentemente pasa desapercibida para la población general.
La brucelosis se caracteriza por ser una enfermedad silenciosa. Se trata de una infección de origen bacteriano que tiene la capacidad de afectar a una gran variedad de especies animales y que, bajo condiciones específicas, puede transmitirse a los seres humanos si no se aplican los protocolos de seguridad pertinentes.
Esta patología es una zoonosis que puede manifestarse de manera aguda o derivar en complicaciones crónicas si no se realiza un diagnóstico oportuno y un tratamiento médico adecuado. Su repercusión trasciende la esfera de la producción pecuaria, convirtiéndose en un asunto de salud pública que demanda hábitos de higiene rigurosos, vigilancia epidemiológica y el estricto cumplimiento de los marcos legales.

Un patógeno con múltiples huéspedes
La bacteria responsable de la brucelosis no se limita a un solo entorno. La enfermedad impacta significativamente en:
- Bovinos, caprinos, ovinos y porcinos (animales de producción).
- Perros (animales domésticos).
- Fauna silvestre y diversos mamíferos marinos.
Dada esta amplia distribución, los esfuerzos para su erradicación requieren una visión integral y de largo plazo. En los seres humanos, el contagio suele ocurrir principalmente por el consumo de lácteos sin pasteurizar o derivados fabricados con leche cruda —como ciertos tipos de quesos artesanales—.
Asimismo, el riesgo aumenta ante el contacto directo con fluidos o secreciones de ejemplares infectados, particularmente durante episodios de abortos causados por la patología. En entornos técnicos, como laboratorios de diagnóstico, la transmisión puede darse incluso a través de la inhalación de aerosoles contaminados.
Estrategias de prevención y seguridad personal
La herramienta fundamental para mitigar la propagación de la brucelosis es la prevención activa. Para el público consumidor, la recomendación principal consiste en adquirir exclusivamente productos lácteos pasteurizados, asegurándose de que cuenten con el debido etiquetado y registros sanitarios visibles al momento de la compra.
En el ámbito de la producción y el campo, las precauciones deben ser todavía más estrictas. Los trabajadores que manipulan ganado tienen la obligación de utilizar Equipos de Protección Personal (EPP), tales como:
- Guantes resistentes.
- Gafas protectoras.
- Botas de goma de fácil desinfección.
Además, es imperativo que los productores realicen análisis serológicos periódicos a sus animales, recomendándose una frecuencia de al menos dos veces al año para monitorear el estatus sanitario del hato y garantizar la seguridad del establecimiento.
Marco normativo y control en establecimientos
Con el fin de avanzar hacia la eliminación de esta enfermedad en el ganado vacuno, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria ha establecido la Determinación Obligatoria del Estatus Sanitario (DOES). Este mecanismo es vital para detectar animales portadores, sanear los predios afectados y minimizar las posibilidades de expansión del brote.
Estas acciones se rigen bajo lo dispuesto en la Resolución 67/2019 y su actualización, la 77/2021. La normativa subraya la necesidad de manejar con extremo cuidado a los animales positivos y los restos biológicos —como fetos— derivados de abortos infecciosos, además de garantizar la desinfección total de las áreas que hayan estado expuestas a contaminación.
Protocolos de vacunación y nuevas disposiciones
La inmunización es un pilar central en las zonas donde la enfermedad es considerada endémica. En el ganado bovino, se mantiene la obligatoriedad de vacunar a las terneras de entre 3 y 8 meses de edad con la denominada cepa 19, proceso que se realiza habitualmente en conjunto con las campañas oficiales contra la fiebre aftosa y la brucelosis.
Recientemente, la Resolución SENASA 936/2025 ha modernizado las estrategias de control al habilitar la vacunación estratégica con las cepas DELTAPGM y RB51. Esta alternativa está dirigida a vacas adultas, de dos años o más, que ya recibieron su dosis inicial en la etapa de terneras. Dicha medida puede aplicarse en establecimientos que posean un estatus sanitario certificado bajo el Plan Nacional de Control y Erradicación de Brucelosis Bovina.
En conclusión, la brucelosis es una zoonosis totalmente prevenible. La clave de su erradicación reside en la detección precoz, la adopción sostenida de medidas de bioseguridad y el respeto a las normativas vigentes, con el objetivo de salvaguardar la integridad de la salud humana y preservar la sanidad del patrimonio animal.
Fuente: Infobae