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Grasa beige: su rol crucial para evitar la presión alta y el daño arterial

La hipertensión arterial constituye uno de los desencadenantes más críticos para la aparición de infartos y accidentes cerebrovasculares. Si bien factores como la alimentación, el sedentarismo y el sobrepeso son causas conocidas, investigaciones recientes de la Rockefeller University han demostrado que no toda la grasa corporal tiene el mismo impacto en la salud. Existen tejidos específicos que poseen funciones metabólicas vitales más allá del simple almacenamiento de energía.

El estudio, cuyos resultados se publicaron en la prestigiosa revista Science, determinó que la ausencia de un tipo particular de tejido adiposo, denominado grasa beige, provoca un deterioro en el funcionamiento de los vasos sanguíneos. Al perderse este componente, las arterias pierden su elasticidad característica, lo cual genera un incremento en la presión arterial. Este descubrimiento es fundamental para comprender cómo ciertos procesos biológicos internos elevan el riesgo cardiovascular.

El papel protector de la grasa beige

En el organismo humano coexisten tres clases principales de tejido graso:

  • Grasa blanca: encargada de almacenar reservas de energía.
  • Grasa parda: responsable de la producción de calor corporal.
  • Grasa beige: un tejido híbrido que se localiza cerca de los vasos sanguíneos importantes.

Esta última funciona como un escudo protector que garantiza la flexibilidad arterial y una circulación fluida. Paul Cohen, quien lidera el Laboratorio de Metabolismo Molecular, sostiene que la clave de las patologías cardíacas no reside únicamente en la cantidad total de tejido adiposo, sino en su tipología y localización estratégica.

La eliminación de la grasa beige provoca un endurecimiento de las arterias y eleva el riesgo de presión alta en modelos animales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para profundizar en este hallazgo, los expertos emplearon modelos de laboratorio con modificaciones genéticas. En estos sujetos, se procedió a la eliminación del gen PRDM16, cuya función es permitir que las células actúen como grasa beige. Al suprimir este gen, las células perdieron su identidad protectora y se transformaron progresivamente en grasa blanca.

Dicha metamorfosis desencadenó la producción de angiotensinógeno. Esta sustancia es precursora de una hormona que induce la contracción de los vasos y, por ende, el alza de la presión. El resultado fue un endurecimiento de las paredes arteriales que obstaculiza el flujo sanguíneo normal. Al respecto, la investigadora Mascha Koenen señaló:

“Nos sorprendió observar una transformación tan marcada en el tejido que rodea los vasos”

.

QSOX1: El factor detrás del endurecimiento arterial

La investigación permitió identificar a la enzima QSOX1 como el motor principal del daño vascular. Esta proteína regula reacciones químicas corporales y suele mantenerse en niveles estables. Sin embargo, cuando la grasa beige se pierde, la presencia de QSOX1 se dispara significativamente.

El hallazgo abre posibilidades para terapias innovadoras que intervengan directamente en el daño vascular desde una perspectiva personalizada (Imagen Ilustrativa Infobae)

El exceso de esta enzima fomenta la creación de tejido fibroso y rígido en el contorno de los vasos, mermando su capacidad de expansión. En consecuencia, las arterias se vuelven rígidas y el corazón debe bombear con mayor intensidad, lo que dispara los niveles de presión. Para validar esto, los científicos bloquearon tanto el gen de la grasa beige como el de la QSOX1, observando que, incluso sin grasa protectora, el daño vascular no se producía.

Además, se evaluaron datos genéticos de seres humanos. Aquellas personas con variantes específicas en el gen PRDM16 mostraron una tendencia mayor a padecer hipertensión, lo que ratifica que este mecanismo descubierto en laboratorio tiene una relevancia directa en la salud humana.

Hacia terapias cardiovasculares más precisas

El hallazgo de este mecanismo específico abre la puerta al desarrollo de terapias dirigidas que no se limiten solo a tratar los síntomas de la presión alta, sino que ataquen el problema desde su raíz metabólica. Según informaron desde la Rockefeller University, este avance permite visualizar al tejido adiposo no como un enemigo general, sino como un sistema complejo que afecta la salud de los órganos.

Entender el papel de la grasa beige y la enzima QSOX1 permitirá desarrollar tratamientos que prevengan la hipertensión desde su origen (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los planes a futuro del equipo de investigación incluyen estudiar cómo la enzima QSOX1 altera la estructura de las arterias y por qué ciertas regiones del cuerpo son más propensas a estos daños. También se busca la creación de fármacos que regulen esta enzima sin interferir en otros procesos corporales. Este hito científico recalca que el metabolismo y el sistema circulatorio están íntimamente conectados, permitiendo pensar en estrategias de prevención mucho más personalizadas.

Fuente: Infobae

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