No data was found

Impacto de rayos en aviones: ¿Qué ocurre durante una tormenta?

En el ámbito de la aviación moderna, los incidentes de gravedad vinculados a fenómenos meteorológicos como las tormentas eléctricas son extremadamente inusuales. Este elevado estándar de seguridad se fundamenta en la aplicación de protocolos estrictos, el empleo de tecnología de detección avanzada y una coordinación ininterrumpida entre pilotos, meteorólogos y controladores de tráfico aéreo.

La prioridad absoluta de las aerolíneas es evadir estas condiciones climáticas desde la etapa de planificación del plan de vuelo hasta el momento del aterrizaje. Cuando resulta imposible rodear una tormenta, se ponen en marcha maniobras y procedimientos técnicos diseñados específicamente para salvaguardar la aeronave y a sus ocupantes.

Clasificación de tormentas y sus riesgos asociados

Las tormentas eléctricas varían significativamente en tamaño e intensidad, lo que genera distintos niveles de complejidad para la tripulación. Según expertos en instrucción aeronáutica, estos fenómenos se categorizan en cuatro grupos principales:

  • Unicelulares: Surgen en jornadas de alta humedad y calor, con una duración de entre 30 y 60 minutos. Pueden generar granizo, rayos y precipitaciones intensas.
  • Multicelulares: Son conglomerados de nubes que pueden mantenerse activos durante varias horas, presentando un entorno más hostil.
  • La tecnología de radares meteorológicos es fundamental en la detección y evasión de tormentas durante los vuelos (Imagen Ilustrativa Infobae)

  • Líneas de turbonada: Se presentan en bandas lineales y son conocidas por producir microrráfagas constantes, lo que eleva el riesgo durante el trayecto.
  • Supercélulas: Consideradas las más peligrosas debido a sus potentes corrientes de aire ascendente en rotación. Estas estructuras pueden persistir por horas, cubrir cientos de kilómetros y generar tornados, cizalladura de viento y granizo de gran magnitud.

Cada una de estas formaciones implica peligros específicos para la seguridad operacional. Se ha determinado que dentro de las supercélulas la turbulencia suele ser severa. Asimismo, la cizalladura de viento, que consiste en variaciones bruscas en la dirección o velocidad del viento, es un factor crítico de riesgo durante las fases de despegue y aterrizaje.

Adicionalmente, el granizo tiene el potencial de provocar daños en el parabrisas o las alas, mientras que la acumulación de hielo perjudica el rendimiento aerodinámico. La falta de visibilidad causada por la nieve o la lluvia complica las maniobras a baja altura, incrementando las posibilidades de una salida de pista.

Tecnología de punta y medidas de prevención

El piloto profesional Patrick Smith, reconocido autor especializado, sostiene que no se atraviesa una tormenta de forma deliberada. La norma general es evitarlas siempre y, en caso de necesidad, navegar por sus bordes exteriores manteniendo una distancia de seguridad prudencial.

La colaboración entre pilotos, meteorólogos y controladores es clave para la seguridad aérea frente a condiciones adversas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La prevención es un proceso que inicia mucho antes de que el avión despegue. Se sustenta en cartografía satelital en tiempo real, pronósticos meteorológicos minuciosos y el soporte de especialistas en clima. Durante el vuelo, los comandantes utilizan el radar meteorológico de a bordo y sistemas avanzados de evitación de mal tiempo para monitorear la altitud, posición y trayectoria de las nubes.

Smith destaca que la comunicación fluida con los despachadores en tierra y el control de tráfico aéreo permite realizar ajustes dinámicos en la altitud o la ruta conforme el clima evoluciona. Los pilotos suelen solicitar desviaciones para mantener una distancia mínima de 16 a 32 kilómetros de la zona de peligro.

El sistema de radar utiliza un código de colores para alertar a la tripulación: el color verde señala áreas periféricas, el amarillo representa una intensidad moderada y el rojo indica el núcleo de máxima severidad, zona que debe ser evitada bajo cualquier circunstancia. Las normativas sugieren evitar rutas directas hacia tormentas, especialmente durante la noche, cuando los relámpagos pueden afectar la percepción visual del piloto.

Procedimientos ante el encuentro inevitable con una tormenta

Las tormentas eléctricas presentan desafíos como turbulencia, granizo y cizalladura de viento para las aeronaves (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si a pesar de la planificación el avión se encuentra en las proximidades de una tormenta, el piloto debe ajustar la velocidad para permitir que la estructura absorba mejor las tensiones y el impacto del entorno. Si el fenómeno se manifiesta durante el aterrizaje, sistemas automáticos como el Sistema de Aviso de Viento Cortante alertan a la tripulación.

Ante estas alertas, el comandante puede optar por mantenerse en un patrón de espera hasta que mejore la visibilidad o desviarse hacia un aeropuerto alterno. Aunque estas decisiones se consultan con tierra, la responsabilidad final recae sobre el comandante de la aeronave.

En cuanto al impacto directo de rayos, el expiloto Tom Bunn explicó que los sistemas eléctricos de los aviones comerciales están dotados de protección y redundancia para manejar estas descargas. Según Bunn:

“Un rayo puede causar únicamente un destello y un ruido fuerte, pero casi nunca implica riesgos reales para la tripulación o los pasajeros”

.

Realidad frente a los mitos de seguridad

Los sistemas eléctricos de los aviones comerciales están diseñados para soportar descargas de rayos sin comprometer la seguridad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Gran parte del miedo colectivo hacia las tormentas en los vuelos surge de representaciones ficticias en el cine. En la práctica, las consecuencias más comunes son daños materiales superficiales, como pequeñas abolladuras por granizo, que si bien aumentan los costos de mantenimiento, no comprometen la integridad del vuelo.

Patrick Smith enfatiza que lo crucial es la colaboración constante y la interpretación de los instrumentos en tiempo real. Por su parte, Bunn añade que los riesgos de la turbulencia son mayores cerca de la superficie terrestre, mientras que a altitudes de crucero, la tecnología permite mantener los riesgos bajo control.

En conclusión, aunque las aeronaves se enfrentan regularmente a la amenaza de tormentas, los protocolos contemporáneos y la pericia de los profesionales logran que el peligro sea mínimo. Las estructuras están capacitadas para resistir descargas eléctricas que, a pesar de ocurrir varias veces cada año, no alteran la seguridad de los pasajeros ni la conclusión exitosa del viaje.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK

TWITTER