Con una lucidez que desafía el paso del tiempo, el célebre filósofo francés Edgar Morin, a sus 104 años, ha lanzado un potente mensaje de alerta al mundo contemporáneo:
“La sociedad es cada vez más sumisa, debemos pasar a la resistencia”
. Este llamado surge tras la reciente publicación de su obra titulada Lecciones de la historia. ¿Podemos aprender de nuestro pasado?, en la cual el pensador enfatiza que es imperativo no rendirse ante la sumisión social y fortalecer el pensamiento crítico, especialmente frente a las amenazas globales que guardan similitudes con las de hace casi un siglo.
Un mensaje de aliento para la juventud
El propósito central de su nuevo libro es motivar a las nuevas generaciones para que se involucren activamente en su contexto actual y tomen las riendas del porvenir. En una conversación con el medio español El Mundo, el autor lamentó la desconexión temporal de la actualidad:
“El día a día domina la política y la vida cotidiana. Vivimos desarraigados del pasado y privados del futuro. Olvidamos que vivimos dentro de una historia”
.
Para Morin, el análisis del pasado es la herramienta fundamental para comprender un presente que se percibe complejo y hostil. Aunque reconoce que las perspectivas actuales son sumamente inquietantes, se apoya en su vasta experiencia de vida para recordar una lección fundamental: “lo improbable puede llegar a suceder”.
Al ser consultado sobre las similitudes con la era del nazismo, una idea que comparte el intelectual italiano Siegmund Ginzberg, Morin —quien contaba con apenas 18 años al estallar la Segunda Guerra Mundial— encuentra ciertos paralelismos. Según explica:
“Las condiciones históricas son distintas, pero los peligros y las cegueras de ambos períodos son de la misma naturaleza. No sabemos si la situación mundial es sólo desesperante o verdaderamente desesperada. Eso significa que debemos, con o sin esperanza, con o sin desesperanza, pasar a la Resistencia”
.

Orígenes y formación de un pensador universal
Nacido bajo el nombre de Edgar Nahoum el 8 de julio de 1921 en la ciudad de París, el filósofo proviene de una familia judía sefardí con raíces en Tesalónica. Un evento que marcó su existencia para siempre fue el fallecimiento de su madre, Luna Beressi, cuando él tenía solamente diez años. Sobre este suceso, el pensador ha confesado:
“La muerte de mi madre ha sido el hecho principal de mi vida”
.
Durante sus años de adolescencia, el joven Morin se refugió en la literatura —con especial predilección por Dostoievski—, el cine y la aviación. Su compromiso político despertó con la Guerra Civil Española, lo que lo llevó a afiliarse a organizaciones que respaldaban a la República. Su preparación académica se consolidó en prestigiosas instituciones como la Sorbona y la Universidad de Toulouse, donde cursó estudios en Geografía, Historia y Derecho.
La Segunda Guerra Mundial representó uno de los pilares decisivos en su trayectoria vital. Morin se sumó a la Resistencia antinazi y estuvo presente en la Liberación de París. Estos hechos, sumados al proceso de desestalinización liderado por Jruschov, fueron los cimientos que dieron forma a su estructura intelectual y su visión crítica del mundo.
Al finalizar el conflicto bélico, gracias a su brillante historial, se integró al Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS). Sus investigaciones iniciales lo llevaron a estudiar comunidades rurales en Bretaña, y posteriormente, sus recorridos por América Latina lo impulsaron a defender activamente los derechos de los pueblos indígenas, alejándose de los dogmas académicos convencionales.
La policrisis y el pensamiento complejo
De su extensa labor intelectual surgieron conceptos que hoy son claves en el análisis sociológico. En 1993, acuñó el término policrisis para describir cómo las crisis económicas, ambientales, sociales y políticas se entrelazan y se potencian entre sí, advirtiendo que ningún problema global puede resolverse de forma aislada.
Otro de sus grandes aportes es el pensamiento complejo, desarrollado a profundidad en su obra El método. Morin sostiene que para entender la realidad se deben observar las partes y el todo simultáneamente. A través del pensamiento dialógico, explica que el orden y el caos no solo conviven, sino que se nutren mutuamente, siendo la integración de estas contradicciones la única vía para la evolución.

Trayectoria de rebeldía y visión de futuro
La vida de Edgar Morin ha estado marcada por la independencia de criterio. En 1951 fue expulsado del Partido Comunista por sus posturas críticas. Durante el Mayo del 68, ejerció como docente en la Universidad de Nanterre y reportó las movilizaciones para el diario Le Monde. Décadas después, su pensamiento resonó en los movimientos juveniles de 2011, donde su influencia, junto a la de Stéphane Hessel, fue notable.
Habiendo sido testigo de las transformaciones más profundas del último siglo, el filósofo advierte hoy sobre el resurgimiento de fascismos, nacionalismos y nuevas formas de “religiones políticas”. Según su análisis, estas ideologías “prometían el cielo pero trajeron el infierno”.
Cerca de cumplir un nuevo aniversario de vida, Morin atribuye su vitalidad a la curiosidad constante.
“Conservo la curiosidad de la infancia, las aspiraciones de la adolescencia, la responsabilidad del adulto y ahora, ya anciano, intento nutrirme de la experiencia”
, comenta con la convicción de que el ser humano nunca deja de aprender.
Finalmente, su consejo para la juventud que hoy desconfía de la democracia es claro: la pasividad no es una opción. El pensador asegura:
“Intentaría demostrarles que nunca se debe sacrificar la libertad. Entiendo que la falta de una esperanza previsible es un factor que irrita a la juventud. Estamos dominados por formidables poderes políticos y económicos, a la vez que nos amenaza la instauración de una sociedad de sumisión. La primera y más fundamental resistencia es la del espíritu”
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Fuente: Infobae