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China desafía el dominio académico de EE. UU. en los rankings mundiales

El panorama de la educación superior a nivel global atraviesa una transformación sin precedentes. Aunque la Universidad de Harvard continúa siendo una fuerza dominante, su reciente descenso al puesto número 3 en un índice que evalúa el rendimiento académico es una clara señal de alarma. Este movimiento evidencia cómo diversas instituciones estadounidenses están perdiendo terreno frente a sus competidoras internacionales.

Históricamente, Harvard se posicionaba como la institución con mayor productividad en investigación en todo el planeta, según las clasificaciones mundiales basadas en publicaciones académicas. No obstante, esa hegemonía parece estar tambaleándose, representando el indicio más reciente de una tendencia que preocupa a la academia en Estados Unidos.

El imparable ascenso de las instituciones chinas

En la actualidad, el descenso de Harvard al tercer lugar ha sido aprovechado no por sus pares norteamericanos, sino por universidades en China. Estas instituciones han registrado un crecimiento acelerado en las listas que priorizan tanto el volumen como la calidad de la producción científica. Esta reconfiguración del orden académico coincide con la gestión de Donald Trump, cuyo gobierno ha aplicado recortes al financiamiento de investigación para escuelas que dependen de fondos federales para sus proyectos científicos. Si bien estas políticas no fueron el origen del declive relativo estadounidense —un proceso que ya sumaba años—, sí podrían estar actuando como un catalizador.

«Se avecina un gran cambio, algo así como un nuevo orden mundial en el dominio global de la educación superior y la investigación»

Esta afirmación pertenece a Phil Baty, jefe de asuntos globales de Times Higher Education, una entidad británica reconocida por elaborar uno de los rankings universitarios más prestigiosos del mundo. Para los expertos, este fenómeno no solo afecta a las aulas, sino que representa un desafío para la competitividad de Estados Unidos como nación.

Baty advirtió sobre las implicaciones a largo plazo: «Existe el riesgo de que la tendencia continúe y se produzca un posible declive». El experto aclaró que utiliza el término declive con cautela, señalando que no es que las instituciones estadounidenses estén empeorando, sino que el resto del mundo avanza con mayor velocidad.

Comparativa histórica y el éxito de Zhejiang

Si se analiza la situación a inicios de la década de 2000, el escenario era radicalmente distinto. En aquel entonces, una clasificación basada en producción científica mostraba a siete escuelas estadounidenses en el top 10, lideradas por Harvard. Por el contrario, solo una institución china, la Universidad de Zhejiang, lograba ubicarse entre las 25 mejores.

Hoy, la realidad es otra. En los Leiden Rankings, elaborados por el Centro de Estudios de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Leiden en los Países Bajos, la Universidad de Zhejiang ostenta el primer lugar. Además, otras siete instituciones de China se encuentran dentro de las diez primeras posiciones. Aunque Harvard produce hoy más investigación que hace veinte años, ha caído al tercer puesto, siendo la única universidad de su país que permanece en la cima de dicha lista de publicaciones científicas citadas.

Resulta fundamental entender que el problema no radica en una baja de producción por parte de las instituciones norteamericanas. De hecho, universidades como:

  • Universidad de Míchigan
  • Universidad de California en Los Ángeles (UCLA)
  • Johns Hopkins
  • Universidad de Washington-Seattle
  • Universidad de Pensilvania
  • Universidad de Stanford

Todas ellas han incrementado su volumen de investigación en comparación con las primeras décadas del siglo, según los datos de Leiden. Sin embargo, el crecimiento de la producción en las escuelas chinas ha sido exponencialmente superior.

Perspectivas y advertencias de líderes académicos

Mark Neijssel, director de servicios del Centro de Estudios de Ciencia y Tecnología, explicó que los rankings de Leiden se basan en la base de datos Web of Science, propiedad de Clarivate, que incluye miles de revistas académicas especializadas. Pese a que estas clasificaciones no siempre captan la atención masiva en Estados Unidos, figuras prominentes han comenzado a advertir sobre el rezago.

Rafael Reif, quien fuera presidente del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), destacó el año pasado que «el número y la calidad de los trabajos procedentes de China son extraordinarios», llegando incluso a afirmar que estos eclipsan el trabajo realizado en suelo estadounidense.

En contraste, en el resto del mundo, estas métricas son seguidas con rigor como indicadores de progreso. La Universidad de Zhejiang, por ejemplo, destaca sus logros en su portal web, incluyendo su entrada al top 100 mundial en 2017. El gobierno chino también utiliza estos datos para celebrar el fortalecimiento de su sistema educativo.

Nuevas métricas y el impulso estatal en Asia

Incluso en clasificaciones alternativas como OpenAlex, donde Harvard aún lidera, la tendencia es persistente: 12 de las siguientes 13 universidades en la lista son chinas. Neijssel atribuye esto a que los investigadores chinos están priorizando la publicación en inglés para alcanzar una mayor visibilidad y citación global.

Durante un discurso en 2024, el mandatario Xi Jinping resaltó los hitos en tecnología cuántica y ciencia espacial. Mencionó específicamente al Instituto de Biotecnología Industrial de Tianjin por desarrollar un sistema para sintetizar almidón a partir de dióxido de carbono, un avance que podría revolucionar la industria alimentaria.

Otros índices como el Nature Index y la clasificación de la Universidad Técnica de Medio Oriente en Turquía también reflejan esta migración del poder académico hacia el este. En este último, Stanford es la única otra institución de EE. UU. en el top 10, junto a cuatro universidades chinas.

Impacto de las políticas migratorias y financieras

A los recortes en subvenciones se suman las restricciones de viaje y la presión migratoria. En agosto de 2025, la llegada de estudiantes internacionales a Estados Unidos cayó un 19 por ciento respecto al año previo. Esta pérdida de talento global podría deteriorar aún más el prestigio de sus universidades.

Paralelamente, China ha inyectado miles de millones de dólares en su sistema educativo. Alex Usher, presidente de Higher Education Strategy Associates, señaló que «China tiene una montaña de dinero en educación superior que no tenía hace 20 años». El gobierno chino incluso lanzó una visa especial para atraer a graduados destacados en ciencia y tecnología.

Desde la Casa Blanca, la vocera Liz Huston defendió las políticas de recortes argumentando que «la mejor ciencia no puede prosperar en instituciones que han abandonado el mérito, la libre investigación y la búsqueda de la verdad». No obstante, líderes como Todd Wolfson, de la Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios, advirtieron que estas medidas frenarían el desarrollo de los científicos del mañana.

¿Hacia dónde se dirige el prestigio universitario?

En 2025, un juez federal obligó al gobierno de Trump a restablecer fondos para Harvard tras recortes masivos, aunque el futuro de las subvenciones sigue siendo incierto. Alan Ruby, investigador de la Universidad de Pensilvania, enfatiza que las clasificaciones funcionan como una señal de poder para atraer a los mejores investigadores y estudiantes.

Para el año 2026, Times Higher Education mantuvo a la Universidad de Oxford en el primer lugar mundial por décimo año consecutivo. No obstante, bajo la superficie de los cinco primeros puestos (donde figuran el MIT, Princeton, Cambridge, Harvard y Stanford), el panorama es desolador para EE. UU.: 62 instituciones bajaron en la lista, mientras que solo 19 subieron.

  • La Universidad de Tsinghua subió al puesto 12.
  • La Universidad de Pekín alcanzó el puesto 13.
  • La Universidad de Duke cayó del puesto 20 (en 2021) al 28.
  • Emory descendió de la posición 85 a la 102.
  • Notre Dame pasó del lugar 108 al 194 en una década.

Finalmente, Paul Musgrave, profesor de Georgetown, concluye que la calidad de las universidades está intrínsecamente ligada al poder nacional. Aunque el impacto total de las políticas actuales tardará años en reflejarse plenamente en las estadísticas de publicación, el cambio en el equilibrio del conocimiento global ya es un hecho innegable.

Fuente: Infobae

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