En el Ecuador los asiduos cambios de ministros de agricultura algunos poseedores de significativa experticia y otros mediocres confundidos con su verdadera identidad profesional, como acontece en este gobierno, vienen actuando como meros administradores del MAGAP, quizás por su escasa visión de llevar al sector hacia una modernización y se ciñen en la rutina en lugar de incorporar al sector en la actual era donde la ciencia y la tecnología son los más eficaces medios para volver al sector agropecuario más rentable y productivos.
La investigación agropecuaria es el mejor termómetro y un gran indicador clave del nivel de desarrollo, visión estratégica y capacidad productiva del sector rural, pero si la cabeza del MAGAP no está en nada, el director ejecutivo que lleva 4 años seguirá haciendo lo mismo “nada nuevo”. El MAGAP, por su lado, celebra con bombos y platillos los planes de trabajo del INIAP para este 2026, que reflejan la misma rutina investigativa, haciendo mucha publicidad de la rutina como si fuera un gran acontecimiento.
Desde mi óptica profesional es absurdo teniendo la tecnología a la mano, ser insensible ante la presencia del moko en el plátano provocado por la bacteria Ralstonia solanaceum y el fusarium oxysporum f.sp. cubense raza tropical 4 en banano, que están destruyendo nuestros tan importantes activos productivos que son patrimonio y parte significativa de nuestro PIB y de la cadena de empleos que elevan la productividad total de nuestra economía. Lo paradójico que va en contra de la lógica o el sentido común es que el país desde el 2023, el MAG emitió el Acuerdo Ministerial 063 que es una guía técnica oficial que enfatiza que la edición genética no es un transgénico, aun así, el Ministerio y el INIAP no avanzan al ritmo que deberían, es como tener la llave, pero no abrir la puerta ante la ausencia de liderazgo político, es elocuente la falta de una visión estratégica a pesar de la presión del sector privado. En efecto, la inacción del gobierno ha obligado a la industria bananera a tomar las riendas en la búsqueda de aquella variedad resistente al RT4 coordinando con “Embrapa” que es una empresa brasileña dedicada a la investigación agropecuaria.
Cuando la cabeza del MAGAP no posee una visión futurística de hacia dónde debe el sector apuntar, se convierte en un peso muerto que obstaculiza una validación científica moderna y frente a esta inconsistencia, el INIAP continúa aplicando métodos de investigación desconectados de las necesidades reales del productor. De hecho, no solo el método CRISPR agrícola serviría para proteger la producción de banano y plátano es la hora de comprender que existen otros severos problemas como el recalentamiento global que no es un escenario futuro: ya está afectando la producción de alimentos en Ecuador, y las proyecciones muestran impactos cada vez más severos. La evidencia que encontramos en las fuentes confirma que el país es altamente vulnerable y que el clima extremo ya está reduciendo la capacidad productiva nacional. Ecuador es uno de los países más vulnerables de la región.
En definitiva la necesidad de contar con una más moderna tecnología de investigación, nos armaría para la lucha contra el recalentamiento global produciendo semillas acompañadas de mejores manejos del agua de riego que el día de mañana sobrevivan al recalentamiento global donde la intensidad solar alterara los umbrales térmicos modificando tiempos de algunas etapas de crecimiento fisiológico y será el correcto manejo del riego, quien reponga a tiempo cualquier abatimiento de la humedad disponible del suelo, insisto, el riego y e drenaje jugaran un rol preponderante.
Finalmente, salvando la responsabilidad del actual ministro, traslademos dicho deber al propio DNA quien tiene que liderar este cambio para que el MAGAP proponga un convenio de asistencia no rembolsable con el apoyo del USAID para transferencia de esta tecnología CRISPR que le permita al país traer los equipos y expertos para que entrenen y preparen a nuestros científicos en esta nueva tecnología y si la cancillería lo ignora, sabemos que el MAGAP ha invertido más de 20 millones de dólares para adquirir la sobre producción arrocera que es irrelevante para el beneficio del sector agropecuario, por lo tanto, puede perfectamente quizás con el 10% de ese monto, liderar un convenio de asistencia técnica y transferencia de esta tecnología CRISPR con alguna de las respetables universidades de USA que lideran estos programas (UC Davis , Berkeley) que nos permita transformar los proceso de investigación genética y acto seguido, autorizar al INIAP la creación del programa nacional de edición genética por el bien del sector agropecuario.