En el ámbito médico, surge con frecuencia un interrogante inquietante: el motivo por el cual ciertos individuos desarrollan cuadros clínicos críticos o fallecen tras exponerse a microrganismos que, habitualmente, no representan un peligro para la mayoría. Este enigma científico ha comenzado a esclarecerse a través del estudio profundo de las mutaciones genéticas catalogadas como errores congénitos de la inmunidad, según reportan investigaciones especializadas de alto impacto.
Tales hallazgos están impulsando una transformación en la comprensión de la susceptibilidad a infecciones, lo que obliga a replantear los protocolos de la práctica clínica a nivel global. El reconocido genetista y cardiólogo estadounidense, Eric Topol, ha reflexionado sobre este fenómeno al cuestionar:
“¿Por qué tantas personas aparentemente sanas mueren o enferman gravemente por infecciones que se considerarían de bajo riesgo?“.
El experto advierte, además, una limitación actual en el diagnóstico: ”En primer lugar, no tenemos ninguna forma de evaluar la función del sistema inmunológico de una persona en la clínica”.
Un caso emblemático que ayudó a ilustrar esta problemática ocurrió a inicios de la década de los 80 con un niño de Malta que fue tratado en Londres. El menor padecía una infección sistémica severa provocada por la bacteria Mycobacterium fortuitum, un agente que se encuentra comúnmente en el agua y el suelo, pero que casi nunca resulta peligroso para los humanos. Sobre esto, Michael Levin, científico del Imperial College London, enfatizó que, aunque la exposición es universal, la enfermedad es extremadamente rara.

Al profundizar en el historial médico de otros parientes del niño que sufrieron infecciones similares, el equipo de investigación identificó una mutación genética específica en el receptor del interferón-γ, un componente vital para la regulación de la respuesta de defensa del organismo. Este descubrimiento desencadenó una serie de estudios en diversos países que confirmaron mutaciones parecidas en otros pacientes, expandiendo el saber sobre los errores congénitos de la inmunidad.
Desde aquellos primeros hallazgos en los años 80, la ciencia ha logrado identificar más de 500 genes relacionados con la inmunidad. Los fallos en estos genes pueden dejar a millones de individuos desprotegidos ante infecciones agudas, trastornos autoinmunes o cuadros alérgicos graves. Estas mutaciones genéticas no se limitan a patógenos extraños, sino que también explican respuestas desproporcionadas ante exposiciones cotidianas. Gracias al avance del cribado genético, hoy es posible realizar diagnósticos precoces, ajustando los tratamientos para optimizar la supervivencia de los pacientes.
Avances en el diagnóstico y terapias personalizadas
La integración de estos conocimientos en la medicina clínica ya es una realidad. El uso del cribado genético permite individualizar a las personas más vulnerables y aplicar terapias dirigidas, como la sustitución de factores inmunológicos que el cuerpo no produce. Isabelle Meyts, especialista en inmunología de la KU Leuven en Bélgica, ha señalado que entender la relación entre mutaciones específicas y ciertos patógenos ha facilitado el camino hacia una medicina de mayor precisión.

Por su parte, Michael Abers, vinculado al Montefiore Einstein de Nueva York, ratifica que existe una confirmación creciente sobre el peso de los factores hereditarios en la forma en que cada cuerpo reacciona ante los agentes infecciosos.
Un trastorno representativo es la inmunodeficiencia combinada grave (SCID), una condición hereditaria que anula la función inmune normal debido a mutaciones en más de doce genes. Sin una intervención médica oportuna, este cuadro suele ser letal antes de que el paciente cumpla los dos años de edad. Si bien la SCID se considera poco frecuente, otros errores congénitos de la inmunidad con menor gravedad son mucho más comunes de lo que se estimaba anteriormente.
Existen variaciones genéticas que debilitan el sistema frente a amenazas puntuales como el herpes simple o bacterias determinadas. Un ejemplo fascinante es la alteración en el gen CCR5, la cual provee inmunidad ante el VIH, pero simultáneamente eleva el riesgo frente al virus del Nilo Occidental. Asimismo, mutaciones en el gen FUT2 actúan como un escudo protector contra el norovirus.
Durante la crisis sanitaria por el COVID-19, la relevancia de la genética se hizo incuestionable. Un consorcio internacional liderado por Jean-Laurent Casanova, de la Universidad Rockefeller, determinó que aproximadamente el 10% de los pacientes con síntomas graves poseían autoanticuerpos que neutralizaban moléculas esenciales para la defensa inmunitaria. Estos mismos autoanticuerpos se han detectado en casos críticos de fiebre amarilla, gripe estacional y otras dolencias. El equipo de Casanova continúa investigando las mutaciones ligadas a la generación de estos anticuerpos perjudiciales.
A pesar de estos avances, los especialistas aclaran que la genética no es el único factor determinante. Muchos individuos que portan estas mutaciones nunca llegan a manifestar la enfermedad, un concepto conocido como penetrancia incompleta. En este escenario juegan un papel crucial los factores epigenéticos y ambientales. Isabelle Meyts ha observado en investigaciones recientes que ciertos síntomas pueden demorar décadas en aparecer. Por otro lado, Dusan Bogunovic, de la Universidad de Columbia, sugiere que en el 4% de los errores congénitos, la expresión de la variante genética dañina varía entre células, un proceso posiblemente regido por mecanismos epigenéticos.

El panorama actual plantea retos significativos, como comprender por qué una mutación es inofensiva para algunos pero letal para otros, y qué condiciones del entorno actúan como detonantes. Steven Holland, de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), precisa que “hay diferentes genes que están implicados en infecciones distintas”, lo cual añade una capa extra de complejidad al estudio de estas patologías.
En la actualidad, la comunidad médica coincide en que apenas se está explorando la superficie del impacto total de los errores congénitos de la inmunidad. El futuro de la prevención y el tratamiento de complicaciones graves por agentes infecciosos dependerá, de manera ineludible, de la capacidad de descifrar la genética individual de cada paciente.
Fuente: Infobae