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Consejos para afrontar el agotamiento emocional al volver al trabajo

El inicio de enero marca para una vasta mayoría el cierre de la temporada de descanso y el restablecimiento de las obligaciones cotidianas. El paisaje urbano se transforma nuevamente con el flujo de personas que retoman sus horarios habituales para cumplir con sus compromisos profesionales y académicos.

Este cambio no es meramente logístico, ya que suele desencadenar un proceso de desgaste físico y emocional considerable. Esta sensación de pesadez y fatiga se manifiesta con mayor intensidad durante las primeras semanas del año, afectando la transición hacia la productividad habitual.

El impacto psicológico del regreso

Investigaciones de escala global, tales como las realizadas por la American Psychological Association (APA) y el Journal of Occupational Health Psychology, demuestran que una cifra significativa de la población sufre este fenómeno. Se estima que entre el 30% y el 40% de los trabajadores que regresan de sus vacaciones presentan síntomas de malestar, entre los que destacan la irritabilidad, el desánimo y serios problemas de concentración.

Los especialistas sugieren que el origen de esta condición radica en el choque que produce el ajuste súbito a cronogramas rígidos, la acumulación de carga mental y la autoexigencia por recuperar la agilidad laboral en un tiempo mínimo.

entre el 30% y el 40% de las personas experimenta malestar emocional al regresar al trabajo - crédito Freepik

La respuesta adaptativa del organismo

Este escenario es recurrente en la región. Un estudio de la Facultad de Psicología de la Universidad de San Buenaventura, con sede en Bogotá, explica que el organismo percibe el arranque del año como una alteración drástica del entorno. Esto activa respuestas de adaptación que no siempre logran equilibrarse de forma veloz.

El catedrático Gustavo González, responsable de la investigación, puntualiza que:

“La adaptación no es inmediata. El cerebro necesita tiempo para reorganizarse frente a nuevas rutinas, horarios y niveles de presión”.

Uno de los fallos más comunes es pretender alcanzar niveles óptimos de productividad desde la primera jornada. La base científica sugiere que enero debe considerarse como un periodo de transición. Durante estos días, es vital reordenar los hábitos y moderar las expectativas personales antes de enfocarse en metas de alto rendimiento.

Sobre este punto, González aclara:

“Recuerde, enero no está hecho para rendir al máximo, sino para volver a acomodarse. Cuando se intenta forzar el desempeño, lo que aparece es agotamiento”.

Enero es un mes para reorganizarse y no exigirse al máximo - crédito Freepik

Sueño y organización: Pilares del bienestar

La higiene del sueño juega un papel determinante en esta fase de reincorporación. Es habitual que durante el receso vacacional los ciclos de descanso se descontrolen. Por ello, retomar la disciplina de madrugar se vuelve una tarea cuesta arriba si el cuerpo no ha recuperado su ritmo circadiano natural.

Las cifras en el país son preocupantes: un 59% de la población adulta padece al menos un trastorno vinculado al sueño, según datos de organizaciones médicas. Esto intensifica la dificultad de acoplarse nuevamente al entorno laboral. Al respecto, el experto González añade:

“Muchas personas intentan compensar el cansancio con más esfuerzo, cuando en realidad el problema está en la falta de descanso reparador”.

Para gestionar la carga mental, se recomienda aplicar las siguientes tácticas:

  • Fraccionar tareas: Dividir proyectos grandes en metas pequeñas y manejables.
  • Priorización: Enfocarse en lo urgente para recuperar el ritmo sin saturarse.
  • Interacción social: Retomar el vínculo con colegas sirve como un amortiguador emocional que fortalece la motivación.

Volver a compartir espacios con compañeros de trabajo o estudio contribuye a normalizar la rutina - crédito Freepik

Cuándo encender las alarmas

Es imperativo vigilar la persistencia de estos síntomas. Si el agotamiento extremo, la apatía o las dificultades para dormir se mantienen por más de tres semanas, es necesario consultar con un profesional de la salud mental.

La relevancia de esta prevención se refleja en las estadísticas laborales, donde el 34% de los empleados ha requerido permisos de ausencia por problemas psicológicos o emocionales. El contexto general es delicado, considerando que el Ministerio de Salud indica que más del 66% de la ciudadanía ha enfrentado desafíos de salud mental en algún punto de su vida.

La hoja de ruta para este mes es clara: ver a enero como una etapa de reajuste, cuidar la energía vital y establecer propósitos que se puedan cumplir de forma progresiva. Gustavo González concluye con una recomendación final:

“Por eso le recomiendo empezar despacio, cuidar la energía y sostener el esfuerzo a largo plazo”.

Fuente: Infobae

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