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Crisis en Irán: De la caída del rial a la muerte de 544 personas

El escenario social en Irán se fracturó drásticamente desde el pasado 28 de diciembre, cuando una ola de manifestaciones comenzó a recorrer el territorio nacional. El descontento ciudadano, originado por la fragilidad de la economía en la República Islámica y el desplome vertical de su divisa, ha derivado en una crisis humanitaria. Hasta el momento, el saldo es trágico: decenas de víctimas mortales y miles de ciudadanos bajo arresto mientras el régimen intensifica sus maniobras de contención. Lo que inició como una queja por el encarecimiento de alimentos de primera necesidad y una inflación anual alarmante, se ha transformado en un desafío abierto al sistema con consignas antigubernamentales.

28 de diciembre: El desplome financiero

La chispa se encendió en dos centros comerciales neurálgicos de Teherán. La razón técnica fue la caída histórica del rial iraní, que alcanzó un suelo de 1,42 millones por cada dólar estadounidense. Este fenómeno disparó los precios de productos básicos, sumándose al malestar previo generado a inicios de mes, cuando el gobierno decidió incrementar el costo de la gasolina subsidiada en todo el país.

29 de diciembre: Dimisiones en el sector bancario

Ante la rapidez con la que las protestas saltaron de la capital a otras provincias, Mohammad Reza Farzin, quien se desempeñaba como presidente del Banco Central, presentó su renuncia. En las calles, la respuesta policial no se hizo esperar, empleando gases lacrimógenos para intentar dispersar los focos de protesta en Teherán.

30 de diciembre: Promesas gubernamentales

Con las movilizaciones infiltrándose en los campus universitarios y más ciudades, el mandatario iraní Masoud Pezeshkian mantuvo encuentros con representantes del sector empresarial. Durante el diálogo, el presidente aseguró que su gestión

«no escatimará esfuerzos para resolver los problemas»

que asfixian la economía del país.

31 de diciembre: Nuevos mandos y brotes de violencia

El gobierno designó a Abdolnasser Hemmati como el nuevo líder del banco central en un intento por estabilizar la situación. No obstante, en la localidad de Fasa, al sur de Irán, la tensión escaló cuando un grupo de manifestantes ingresó por la fuerza a la oficina del gobernador, dejando varios oficiales heridos.

1 de enero: Confirmación de las primeras muertes

El primer día del año trajo consigo el reporte oficial de siete fallecidos. Los enfrentamientos más cruentos se localizaron en Azna, dentro de la provincia de Lorestán. Registros audiovisuales difundidos en redes sociales mostraron barricadas incendiadas y el sonido de detonaciones mientras la multitud exclamaba:

«¡Desvergonzados! ¡Desvergonzados!»

. La agencia Fars confirmó tres decesos, mientras que otros incidentes fatales se registraron en Isfahán y Bakhtiari. Además, se reportó la muerte de un joven de 21 años perteneciente a la fuerza Basij de la Guardia Revolucionaria.

2 de enero: La advertencia de Donald Trump

Desde el exterior, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, utilizó su red social Truth Social para enviar un mensaje directo al régimen. Trump advirtió que si Irán

«mata violentamente a manifestantes pacíficos»

, la nación norteamericana

«saldrá a rescatarlos»

. El mensaje concluyó con una frase tajante:

«Estamos listos para partir»

. Paralelamente, la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA) contabilizó protestas en más de 100 puntos distribuidos en 22 de las 31 provincias iraníes.

3 de enero: La orden del Líder Supremo

El ayatolá Alí Jamenei, líder supremo del país, endureció el discurso oficial al afirmar que

«los alborotadores deben ser puestos en su lugar»

, declaración interpretada como un aval para el uso de la fuerza. Según datos de HRANA, para esta fecha ya se contaban 15 fallecidos y 580 detenidos en 170 localidades distintas.

Manifestantes iraníes se manifiestan en Karaj, Irán. Europa Press/Contacto/Social Media

6 de enero: El Gran Bazar bajo tensión

En un acto de resistencia civil, se llevó a cabo una sentada en el Gran Bazar de Teherán, la cual fue reprimida con químicos irritantes. Los informes de HRANA elevaron la cifra de muertos a 36 personas, incluyendo a dos agentes de seguridad. La cobertura geográfica de las protestas alcanzó las 280 localidades.

8 de enero: El apagón informativo

Tras un mensaje emitido por el príncipe heredero iraní en el exilio, los ciudadanos se manifestaron durante la noche desde sus hogares y en las vías públicas. El régimen respondió con el bloqueo total de internet y de las comunicaciones telefónicas internacionales, buscando aislar a los 85 millones de habitantes de cualquier contacto con el exterior.

9 de enero: Incremento de detenciones

Pese a las señales de una ofensiva militar inminente, las calles volvieron a llenarse. Los balances de derechos humanos indicaron que la violencia ya había cobrado la vida de al menos 65 ciudadanos, mientras que la cifra de personas bajo custodia superó las 2.300.

10 de enero: Amenaza de pena capital

Al cumplirse la segunda semana de conflicto, los fallecidos sumaron 116. El fiscal general de la nación, Mohammad Movahedi Azad, lanzó una advertencia legal severa: cualquier participante en las marchas sería procesado como

«enemigo de Dios»

, un cargo que en la legislación iraní puede implicar la pena de muerte.

 Las manifestaciones han llegado a más de 280 localidades en 27 de las 31 provincias de Irán.

11 de enero: El saldo final de la crisis

Donald Trump sostuvo que el gobierno de Irán habría planteado la posibilidad de negociar tras las advertencias de ataques estadounidenses. No obstante, la realidad en el terreno muestra una tragedia de grandes dimensiones: activistas y organizaciones defensoras de derechos humanos han confirmado que el número total de víctimas mortales en el marco de estas protestas ha escalado hasta los 544 fallecidos.

Fuente: Infobae

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