La presencia de cadmio en productos de consumo habitual ha encendido las alarmas de las autoridades de salud en Europa y, particularmente, en Francia. Este elemento químico está catalogado como un agente cancerígeno por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer. Instituciones de alto nivel, tales como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de la Alimentación, del Medio Ambiente y del Trabajo (ANSES), han calificado la situación actual como una
“bomba sanitaria”
debido a su alta toxicidad y a la capacidad del metal para acumularse en los tejidos humanos, incluso cuando se detecta en proporciones mínimas.
Como respuesta a esta preocupación, en diciembre de 2025, se ha impulsado una relevante iniciativa en el Parlamento francés con el fin de mitigar los riesgos para la salud pública. Un grupo de legisladores, que cuenta con el soporte técnico de la comunidad científica y médica, ha presentado un proyecto de ley enfocado en limitar el empleo de fertilizantes fosfatados. Estos productos han sido identificados como el origen principal de la contaminación por cadmio en los terrenos agrícolas. Según los expertos galos, esta exposición es sumamente crítica para grupos vulnerables, entre los que destacan los niños, pacientes con insuficiencia renal y personas que padecen diabetes.
A diferencia de otros minerales, el cadmio carece de funciones biológicas en el ser humano. Una vez que ingresa al organismo, el metal se aloja primordialmente en el hígado y los riñones, órganos donde puede persistir por un periodo de hasta 30 años. Esta permanencia prolongada incrementa drásticamente las complicaciones de salud a largo plazo. Los reportes de ANSES en Francia revelan cifras inquietantes: mientras que el 0,6% de los adultos excede los niveles de ingesta recomendados, esta cifra se dispara al 14% en menores de entre 3 y 17 años, llegando incluso al 36% en niños menores de tres años.

Procedencia del metal y su ingreso en la dieta
Aunque el cadmio se encuentra de forma natural en la corteza de la Tierra, su infiltración masiva en la cadena alimentaria deriva de la actividad humana, específicamente de la metalurgia, el tratamiento de desechos y el uso extensivo de abonos fosfatados extraídos de yacimientos como los del Sáhara Occidental.
El proceso de contaminación se desarrolla cuando los fertilizantes depositan el metal en la tierra; posteriormente, es absorbido por cultivos como cereales, hortalizas de hoja y tubérculos, entre los que destaca la patata. Del mismo modo, el cadmio se traslada a los animales de crianza y especies marinas que consumen agua o alimentos provenientes de estas zonas afectadas. Así, el suelo se convierte en un depósito que transfiere el metal a productos que son pilares de la alimentación en España y el resto del continente europeo.
¿Qué alimentos presentan mayores concentraciones de cadmio?
Dentro del mapa alimentario, se han identificado diversos productos con niveles considerables de este metal:
- La patata: Es la fuente principal, aportando un 13,2% del cadmio ingerido en la dieta total. Su alta capacidad para absorber metales del terreno se traduce en concentraciones que oscilan entre 0,05 y 0,12 mg por cada kilo.
- Cereales y derivados: Productos como el pan, el trigo y el arroz representan un 11,7% de la ingesta total, debido principalmente a la frecuencia con la que se consumen.
- Cacao y chocolate negro: Se han detectado niveles importantes en granos provenientes de África y América Latina, donde la geología del suelo favorece su acumulación. No obstante, para los consumidores promedio el riesgo es muy bajo; se estima que una persona debería ingerir más de una barra de chocolate diaria durante un año entero para alcanzar niveles de toxicidad peligrosos.
Riesgos específicos en mariscos y carnes
En el ámbito de los productos del mar, el cadmio se concentra de forma alarmante en especies como langostinos, gambas, mejillones, ostras, almejas, centollos y cangrejos. En estos animales, el metal se aloja sobre todo en las vísceras y la región cefálica. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición ha advertido que las cabezas de los cangrejos pueden albergar hasta 30 veces más cadmio que el tejido muscular. Por ello, la práctica de succionar las cabezas de estos crustáceos puede cuadruplicar la exposición al metal en comparación con comer únicamente el abdomen.
Finalmente, el consumo de despojos animales, específicamente los riñones y el hígado de cerdo o ternera, constituye otra vía significativa de ingreso de cadmio al cuerpo. Si bien otros vegetales como las setas, los frutos secos o las algas pueden contenerlo, su impacto suele ser menor, a menos que se hayan cultivado en entornos con niveles extremos de contaminación.
Fuente: Infobae