El mundo del espectáculo y la televisión argentina recuerdan hoy una fecha cargada de nostalgia: el 11 de enero de 1996, día en que falleció el icónico Tato Bores. Al cumplirse exactamente tres décadas de su partida física, su hija, Marina Borensztein, ha decidido homenajearlo a través de un emotivo relato acompañado de fotografías familiares que nunca habían salido a la luz, reflejando el fuerte vínculo que los unía.
A través de sus plataformas digitales, Marina compartió sus sentimientos sobre este largo periodo de ausencia:
“Treinta años sin papá y sin Tato Bores. Treinta años en los que me pasaron las cosas más importantes de mi vida y no las pudimos compartir juntos… Treinta años viendo imágenes cada día y escuchando su voz, pero sin tenerlo más”
. Estas palabras acompañan un recorrido visual por la intimidad de los Borensztein, donde se celebra la vida compartida en su círculo más cercano.
En una de las instantáneas más conmovedoras, se puede observar a una Marina adolescente abrazando con ternura a su progenitor. En la imagen, Tato Bores aparece sentado en una silla de playa, vestido de bañador y luciendo una expresión de absoluta serenidad. El escenario de estos recuerdos suele ser Punta del Este, el destino recurrente de sus vacaciones veraniegas, donde la familia encontraba refugio lejos de la exposición mediática. Los retratos capturan momentos tan cotidianos como espontáneos: almuerzos compartidos, como una fondeau en la que aparecen Marina junto a sus padres, Tato y Berta, y sus hermanos, Sebastián y Alejandro.

La memoria de esta familia se ha cimentado sobre escenas de la vida diaria que Marina atesora profundamente. En los registros se les ve compartiendo en el living de su hogar, sentados en el sofá en medio de miradas cómplices entre hermanos o fundidos en abrazos parentales. En otra de las piezas gráficas, se observa a Marina caminando de la mano de su madre, escoltada por su padre y sus hermanos tras una calurosa jornada de playa, demostrando que la unión del clan trascendía cualquier escenario artístico.
El impacto de Tato Bores en la cultura no solo reside en sus memorables monólogos de humor político, sino también en la huella emocional que dejó en su descendencia. Sobre esta herencia personal, su hija reflexionó:
“Cosas extrañas y maravillosas de haber tenido al gran Tato Bores de papá. Lo bueno es que un día nos vamos a volver a encontrar. Estoy segura”
. Es una declaración que subraya la fortaleza de un lazo que ni el tiempo ni la muerte han podido disolver.

Resiliencia y nuevos caminos en el exterior
Actualmente, la vida de Marina Borensztein se desarrolla lejos de las fronteras argentinas. La autora vive en España junto a su esposo, el reconocido actor Oscar Martínez, mientras que su hija Malena reside en Inglaterra. A pesar de la distancia geográfica, el recuerdo de su padre ha sido un motor fundamental en su proceso de crecimiento personal, especialmente tras enfrentar un diagnóstico de cáncer de mama hace algunos años.
Ese difícil trance de salud no la detuvo; por el contrario, fue el catalizador para una transformación total de su estilo de vida. Marina se ha convertido en una referente de la motivación y el bienestar, utilizando sus redes sociales para difundir consejos sobre alimentación saludable y prácticas para el equilibrio mental.
“La enfermedad fue un disparador para sanar”
, suele afirmar quien ahora es autora de tres libros dedicados a la vida consciente. Para ella, el bienestar es una labor diaria que nació de la adversidad.

Las fotografías elegidas para conmemorar este trigésimo aniversario carecen de la solemnidad de los homenajes oficiales. Son, en esencia, fragmentos de un álbum íntimo que muestran a un Tato Bores humano, antes que a la figura pública. Sin embargo, no falta la referencia a su carrera: en una de las imágenes más icónicas, Tato luce su característico frac y peluca, elementos inseparables de su identidad televisiva que marcaron la historia política del país a través del humor.
Para Marina Borensztein, esa imagen pública es solo una cara de la moneda; la otra es la del padre que siempre estuvo presente. Al cumplirse 30 años de aquel 11 de enero, su testimonio se erige como un tributo de amor y resiliencia, permitiendo al público vislumbrar la dimensión más profunda y privada de uno de los artistas más grandes de la historia argentina.
Fuente: Infobae