A través de un extenso registro visual capturado por el observatorio Chandra, la NASA ha revelado cómo los fragmentos de una estrella progenitora se desplazan a velocidades desiguales. Estos restos corresponden a una explosión estelar que fue detectada hace más de cuatro siglos. El denominado remanente de la supernova de Kepler, situado a una distancia aproximada de 17.000 años luz de nuestro planeta, ha permanecido bajo vigilancia científica constante durante los últimos veinticinco años. La agencia espacial presentó una animación detallada que permite observar la trayectoria y transformación de estos escombros cósmicos, aportando datos fundamentales sobre la física que rige las explosiones de las estrellas.
Esta pieza audiovisual fue confeccionada integrando capturas de rayos X obtenidas por el Observatorio Chandra en los periodos de 2000, 2004, 2006, 2014 y 2025. Dichos datos fueron complementados con observaciones ópticas del telescopio Pan-STARRS. El remanente rinde honor al astrónomo Johannes Kepler, quien lo identificó en el firmamento en el año 1604. Actualmente, este objeto es considerado uno de los ejemplos de supernova de Tipo Ia con mejor documentación histórica. Este fenómeno ocurre cuando una enana blanca —una estrella remanente con dimensiones similares a la Tierra— alcanza una masa crítica tras absorber material de una estrella compañera o fusionarse con otra enana blanca.
Un hito en la observación astronómica
La recopilación de estas imágenes representa el video de mayor duración cronológica producido por el telescopio Chandra hasta el momento. La investigación fue presentada formalmente durante la 247ª reunión de la Sociedad Astronómica Americana celebrada en Phoenix. Jessye Gassel, investigadora principal y estudiante de posgrado en la Universidad George Mason, destacó la importancia de este seguimiento continuo. Durante su intervención, Gassel señaló:
«La trama de la historia de Kepler apenas comienza a desenvolverse»
La científica subrayó la relevancia de poder presenciar en tiempo real cómo los fragmentos estelares colisionan con el material que fue expulsado previamente por el sistema.
El análisis técnico del material visual muestra que diversas secciones del remanente avanzan a una velocidad vertiginosa de 22,2 millones de kilómetros por hora, lo que representa el 2% de la velocidad de la luz, dirigiéndose hacia la zona inferior de la observación. En contraste, otros sectores se mueven hacia la parte superior a unos 6,4 millones de kilómetros por hora (el 0,5% de la velocidad de la luz). Esta diferencia de velocidades se debe a la densidad del gas en el medio interestelar: las áreas superiores presentan una mayor resistencia que frena los escombros, mientras que en la región inferior la baja densidad permite un avance mucho más veloz.
Impacto en la comprensión del universo
Los hallazgos derivados de este fenómeno proporcionan claves esenciales para entender los entornos donde ocurren estas deflagraciones y su rol en la creación de nuevos sistemas. Brian Williams, científico del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, explicó la importancia de estos procesos:
«Las explosiones de supernovas y los elementos que expulsan al espacio son el motor de nuevas estrellas y planetas»
Para la comunidad científica, descifrar estas dinámicas es vital para reconstruir la historia de nuestra propia galaxia y los procesos químicos que la conforman.
Otro aspecto relevante de la investigación se centró en medir la propagación y el grosor del frente de la onda expansiva. Este límite marca el punto máximo donde los restos de la estrella entran en contacto con el medio circundante. Al cuantificar su velocidad y tamaño, los especialistas pueden determinar con precisión la magnitud de la explosión original y las condiciones del espacio que rodeaba a la estrella en el momento de su colapso.
Además de su intensa luminosidad en el espectro de rayos X —provocada por temperaturas de millones de grados—, el remanente de Kepler es una pieza fundamental para la cosmología. Las supernovas de Tipo Ia funcionan como herramientas de medición para establecer la tasa de expansión del universo. La ubicación estratégica de este objeto dentro de nuestra galaxia permite que el sistema Chandra capture imágenes con un nivel de detalle excepcional sobre la evolución de la materia expulsada.
Finalmente, cabe destacar que la gestión del Programa del Observatorio Chandra está a cargo del Centro Marshall de Vuelos Espaciales en Huntsville, Alabama. Por su parte, el Centro de Rayos X Chandra del Observatorio Astrofísico Smithsoniano coordina las labores científicas desde Cambridge, Massachusetts, y el control de las operaciones de vuelo desde Burlington. Esta infraestructura robusta asegura que fenómenos como el de Kepler sigan aportando información crítica para la ciencia moderna.
Fuente: Infobae