El máximo jerarca iraní, Ali Khamenei, habría estructurado un plan de contingencia para abandonar Teherán de manera apresurada. Esta maniobra de escape se activaría junto a un grupo íntimo de parientes y colaboradores cercanos en caso de que las fuerzas de seguridad se vean superadas por las movilizaciones sociales o si se registran deserciones significativas en las filas oficiales, según revelan informes de inteligencia recientes.
El contexto de esta operación de emergencia subraya la profunda inestabilidad que golpea actualmente a Irán. Durante la última semana, se han intensificado las manifestaciones en diversas localidades, destacando focos de insurgencia en Qom, impulsadas por una crisis económica asfixiante. La coyuntura se ha vuelto crítica debido a la incorporación de estratos sociales que previamente no participaban en las protestas y a la radicalización de las consignas, las cuales cuestionan la política exterior del régimen y el financiamiento de milicias extranjeras.
“No a Gaza, no a Líbano, solo por Irán”
Esta frase resume el descontento popular frente a los gastos militares en el exterior. Paralelamente, la escasa presencia pública de Khamenei tras las recientes tensiones bélicas con Israel ha disparado los rumores sobre un posible deterioro físico y mental, un factor que ha sido analizado en perfiles psicológicos elaborados por servicios de inteligencia externos.
La ruta hacia el exilio y la sucesión
La estrategia de retirada, denominada como un “plan B”, prevé la salida del líder supremo junto a aproximadamente veinte personas de su confianza. Entre los incluidos figura su hijo, Mojtaba, quien es señalado frecuentemente como el heredero político del poder teocrático.

El analista y exmiembro de inteligencia, Beni Sabti, sostiene que el destino elegido para este exilio sería Moscú. Esta decisión seguiría el ejemplo de Bashar al-Assad, quien se trasladó a la capital de Rusia con su núcleo familiar tras el desmoronamiento de su administración en 2024. La estrecha relación personal de Khamenei con Vladimir Putin, sumada a una sintonía estratégica con el Kremlin, habrían sido determinantes para fijar este destino.
El esquema logístico para esta eventualidad es robusto e incluye la acumulación de propiedades y activos financieros en el exterior, además de importantes sumas de dinero en efectivo. Estas previsiones buscan asegurar la supervivencia del círculo gobernante en caso de perder el dominio interno. Cabe destacar que el líder controla la organización Setad, una red financiera cuyos activos fueron valorados en USD 95 mil millones en auditorías previas, abarcando desde empresas hasta bienes raíces bajo su control directo.
Fricciones en el aparato de seguridad
La continuidad del sistema está bajo presión por las dudas sobre la lealtad de las fuerzas represivas. Los ciudadanos han denunciado que el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC), la milicia Basij, la policía y el ejército han utilizado tácticas violentas para sofocar las revueltas, empleando munición real, gas lacrimógeno y cañones de agua. Todas estas unidades responden directamente al mando de Khamenei, quien depende de la fidelidad del IRGC para sostener su estructura política.

Reportes de inteligencia sugieren que la huida solo se ejecutaría si se presentan fracturas críticas en la cadena de mando militar. Hasta ahora, la protección de sus cuadros leales y el control de los ascensos estratégicos han evitado una desbandada generalizada, aunque la aparente debilidad del jerarca ha sembrado la incertidumbre. El perfil del líder lo describe como una figura marcada por la paranoia, que fluctúa entre la intransigencia ideológica y la ejecución de ajustes tácticos para no perder el control total.
Resulta relevante que varios familiares de funcionarios de alto rango, como los parientes del secretario del consejo de seguridad Ali Larijani, ya cuentan con vínculos o residencias en naciones como Estados Unidos, Canadá o Dubái.
La trayectoria de Khamenei ha estado definida por la resistencia, habiendo sobrevivido a prisiones y a un intento de asesinato en 1981 que le dejó una discapacidad permanente en una mano. Estos eventos consolidaron su fe en una misión religiosa y política centrada en el enfrentamiento contra Israel y el bloque occidental, preservando el orden clerical surgido de la Revolución. No obstante, su ascenso siempre estuvo cuestionado por sectores religiosos debido a que no poseía los grados de erudición teológica que tradicionalmente exige el cargo de líder supremo.

En el plano regional, el líder se proyecta como el referente del islam chií, sosteniendo una red de alianzas con grupos como Hezbollah en Líbano y Hamas en Gaza, además de facciones en Irak, Siria y Yemen. Sin embargo, el reciente debilitamiento de estos aliados por sus conflictos con las fuerzas israelíes ha provocado que la población iraní cuestione las décadas de inversión en guerras externas mientras la inflación devora el nivel de vida en el país.
Finalmente, los preparativos para abandonar la nación persa siguen avanzando mediante el aseguramiento de fondos y la habilitación de residencias seguras en territorio extranjero, como medida preventiva ante un colapso inminente del orden establecido.
Fuente: Infobae