Para un gran número de ciudadanos, el inicio de la jornada no representa un momento de tranquilidad, sino que se manifiesta como una sensación inmediata de alarma. Antes de abandonar la cama, es común experimentar que el ritmo cardíaco se acelera, la mente se satura de preocupaciones y surge una presión constante. Este cuadro, identificado técnicamente como ansiedad matutina, afecta a una población considerable y responde a factores biológicos y psicológicos específicos.
El reconocido psicólogo Mark Travers ha profundizado en este fenómeno, sosteniendo que esta inquietud al despertar posee orígenes que pueden ser identificados con claridad. De acuerdo con diversas investigaciones, existe una interacción compleja entre elementos biológicos, cognitivos y patrones de sueño que predisponen al cerebro a entrar en un estado de alta intensidad apenas sale el sol.
La influencia del cortisol al empezar el día
Uno de los pilares biológicos que explican esta condición es la denominada respuesta del cortisol al despertar. Este proceso consiste en un incremento natural de dicha hormona durante el intervalo de los primeros 30 a 45 minutos tras abrir los ojos. El objetivo fisiológico es preparar al cuerpo para la actividad, pero en ciertos casos, esta reacción se sale de los parámetros normales.
Mark Travers indica que, en determinados individuos, esta respuesta fisiológica puede manifestarse de forma desmedida. Al respecto, el experto señaló:
“Si usted se despierta preparándose para el día que le espera, es posible que su fisiología esté haciendo lo mismo”

La evidencia científica sugiere que las personas que lidian con niveles elevados de estrés o cuadros de preocupación crónica presentan un pico de cortisol mucho más agudo al amanecer. Este comportamiento hormonal se vincula directamente con los pensamientos repetitivos y la ansiedad anticipatoria, lo que deriva en un estado de alerta total incluso antes de iniciar cualquier tarea cotidiana.
Es importante destacar que una respuesta alta de cortisol no siempre es sinónimo de patología, sino un indicador de que el sistema nervioso se encuentra activado. No obstante, si este patrón se vuelve recurrente, puede consolidar la ansiedad matutina como un estímulo de estrés automático difícil de romper.
El peso del estrés acumulado y no resuelto
Otro factor determinante es el estrés acumulado de la jornada previa. Aunque el cerebro aprovecha las horas de descanso para procesar emociones y organizar la memoria, no siempre logra disipar los focos de tensión pendientes. Así, discusiones recientes, tareas que quedaron a medias o problemas sin solución suelen emerger con fuerza al despertar, transformándose en una urgencia emocional.

Un estudio especializado que fue difundido en la revista Clinical Psychological Science destaca que quienes padecen de trastorno de ansiedad generalizada sufren una mayor intensidad de ansiedad por la mañana. Esto no se debe necesariamente a los retos del nuevo día, sino a la preocupación persistente que arrastran desde el día anterior.
Según el análisis de Travers, este ciclo se hace evidente cuando la persona recuerda sus problemas apenas recupera la conciencia, siente inquietud sin una causa aparente o experimenta una preocupación difusa que empaña el comienzo de sus actividades.
El papel del descanso y el sueño REM
La calidad del descanso nocturno es el tercer elemento crítico. La privación de sueño o las constantes interrupciones en la fase REM (movimiento ocular rápido) perjudican severamente la capacidad de regulación emocional del cerebro. Durante esta etapa, el organismo activa procesos que moderan la reacción ante estímulos negativos.
Cuando el sueño es deficiente, la amígdala —centro del miedo en el cerebro— incrementa su sensibilidad, mientras que el control prefrontal pierde su capacidad de mando. Esto resulta en una reactividad desproporcionada ante el estrés al momento de despertar.

Asimismo, una investigación publicada en Nature Human Behaviour confirma que basta con una sola noche de sueño insuficiente para elevar los niveles de ansiedad al día siguiente, con un impacto más severo en las primeras horas. En este escenario, el cerebro carece de amortiguación emocional y se vuelve más vulnerable a las amenazas percibidas.
Recomendaciones para mitigar la ansiedad matutina
Para contrarrestar estos efectos, Mark Travers propone una serie de estrategias prácticas enfocadas en la regulación biológica y mental:
- Implementar rutinas matutinas consistentes que brinden previsibilidad al cerebro.
- Restringir de forma estricta el acceso a pantallas, redes sociales o correos de trabajo en los primeros minutos del día para no disparar el cortisol prematuramente.
- Utilizar un diario de preocupaciones antes de dormir para plasmar tareas pendientes y posibles soluciones, facilitando el cierre de ciclos emocionales.
- Mantener horarios de sueño estables para equilibrar los ritmos circadianos, lo cual reduce la intensidad de la tensión al despertar.
Entender la ansiedad matutina desde esta perspectiva permite verla como una señal del funcionamiento corporal y cerebral en lugar de un fallo personal. Travers enfatiza que el conocimiento de estos mecanismos es el primer paso para aplicar cambios que mejoren la calidad de vida desde el primer minuto de la mañana.
Fuente: Infobae