Durante su reciente paso por el Festival Internacional de Cine de Toronto, el aclamado director Guillermo del Toro visitó el famoso espacio Criterion Closet. En este entorno, el cineasta realizó un análisis profundo sobre las obras que han forjado su visión artística.
A lo largo de su recorrido, entre tecnicismos y una evidente pasión por el séptimo arte, el realizador de origen mexicano no ocultó la profunda admiración y esa «envidia» profesional que le despierta el talento de su compatriota, Alfonso Cuarón.
Un análisis sobre la narrativa y el lenguaje visual

Como un ávido coleccionista y conocedor de la historia del cine, Del Toro exploró la unidad móvil de Criterion Collection para destacar diversas obras maestras. Entre las cintas seleccionadas figuraron clásicos como Red Shoes, Notorious y Salesman, además de All That Heaven Allows, la filmografía de Wes Anderson, la versión de Roma de Fellini y, por supuesto, la Roma dirigida por Alfonso Cuarón.
Para el director, el cine se define como «un lenguaje de precisión y narrativa visual». En sus palabras, elementos como la paleta de colores, el ritmo de las escenas y la composición general funcionan como manifestaciones directas de la psique y los deseos humanos.
Aunque mostró gran afinidad por figuras como Martin Scorsese y el estilo de Wes Anderson, fue al encontrarse con el proyecto de Cuarón cuando su discurso se tornó más personal y lleno de asombro.
«Lo amo, pero lo envidio»: La confesión sobre Roma

Al detenerse en Roma, Guillermo del Toro compartió una de las reflexiones más transparentes del encuentro. Destacó el largo proceso de gestación que tuvo esta película ganadora del Oscar:
«Oh, encontré otra que me gusta. Alfonso habló mucho tiempo sobre hacer esta película. Aquellos que lo conocemos, sabemos que casi por 20 años. Tenía una idea de la trama, luego otra, y cambiaba a los protagonistas, pero siempre estuvo muy interesado en hacerla trascendental, poderosa, hermosa, pero muy sólida.»
El creador de El laberinto del fauno enfatizó la maestría visual con la que Alfonso Cuarón inicia el filme, capturando el reflejo de las nubes en el suelo, para concluir con una escena cargada de una poesía inigualable.
Con total sinceridad, Del Toro admitió lo que siente al ver el resultado final de dicha producción:
«La pureza que adquiere al final, viéndola ascender hacia las nubes es muy hermoso. Alfonso… Lo amo, pero lo envidio. Estoy impresionado. Es muy, muy cruel con mi cerebro, pero lo adoro.»
La unión entre la maestría técnica y el sentimiento

Desde la perspectiva de Del Toro, el cine de gran calidad es aquel que logra equilibrar de forma magistral la perfección técnica con la carga emocional. Mediante sus recomendaciones, puntualizó que un diseño visual cuidado y la contención de las emociones permiten edificar metáforas que superan la realidad cotidiana, transformándose en crónicas de la existencia humana.
Asimismo, recalcó la relevancia de observar y aprender de otros maestros de la industria cinematográfica para evolucionar como artista:
«El cine funciona como un testimonio de la pérdida y la belleza técnica que todo creador debe estudiar.»
Vínculos entre grandes referentes del cine

Para cerrar su intervención, el cineasta estableció un puente entre sus principales influencias y su propia trayectoria. Desde el rigor técnico de Hitchcock evidenciado en Notorious hasta la introspección lírica de Cuarón en su obra más personal, el director mexicano concluyó que cada pieza cinematográfica se erige sobre el legado de los precursores que marcaron el camino previamente.
Fuente: Infobae