En la actualidad, la tecnología constituye un pilar esencial para el desarrollo humano. Se prevé que, en los próximos años, su peso en nuestras actividades cotidianas se incremente de forma exponencial, obligándonos a evolucionar constantemente junto con estos avances.
Un ejemplo claro de esta necesidad fue la crisis sanitaria del COVID-19, la cual evidenció que un sector considerable de la población no se encontraba habituado al internet de las cosas. Ante la emergencia, muchas personas debieron actualizar sus conocimientos digitales de manera acelerada para mantener sus vínculos sociales y laborales, evitando así quedar rezagadas frente a un mundo que se digitalizaba a pasos agigantados.
Dado que la tecnología seguirá moldeando nuestra realidad diaria, resulta fundamental ampliar nuestro léxico y comprensión sobre conceptos clave. Temas como el almacenamiento en la nube, el desarrollo del metaverso, el funcionamiento de las criptomonedas o el uso de dispositivos USB son hoy conocimientos básicos necesarios.
¿Qué se entiende por Nanomateriales?

Dentro de este ecosistema tecnológico, los nanomateriales ocupan un lugar central. Se definen formalmente como aquellos materiales que presentan una medida inferior a los 100 nanómetros en al menos una de sus dimensiones.
Estos componentes son la base de la nanotecnología y su característica principal es, precisamente, su tamaño imperceptible a simple vista. Para ponerlo en perspectiva, un nanómetro representa apenas la mil millonésima parte de un metro, lo que exige el uso de microscopios de alta potencia para su correcta visualización y análisis científico.
El desarrollo histórico de la nanociencia
El origen conceptual de esta disciplina se remonta al año 1959. Fue el físico Richard Feynman quien sentó las bases con su célebre intervención titulada “There’s plenty of room at the bottom” (Hay mucho espacio en el fondo). Este discurso tuvo lugar durante un encuentro de la American Physical Society, celebrado en el prestigioso Instituto de Tecnología de California, mejor conocido como CalTech.
Aquel evento marcó el punto de partida para la era de los nanomateriales, ya que Feynman planteó la posibilidad técnica de manipular átomos y moléculas de forma individual. Sin embargo, la consolidación de la nanotecnología moderna no llegó sino hasta 1981. En ese año, los físicos G. Binnig y H. Rohrer desarrollaron el microscopio de efecto túnel, una herramienta revolucionaria que permitió, por primera vez en la historia, observar átomos de manera independiente.
Criterios de identificación y propiedades
Hoy en día, el uso de nanomateriales se ha extendido a sectores estratégicos como la ingeniería y la farmacología. Gracias al progreso de la nanociencia, es posible intervenir en la estructura molecular de los objetos que nos rodean. Para identificar y categorizar estos materiales, los expertos analizan diversos factores:
- Propiedades físicas: Se evalúa el tamaño, la configuración geométrica, la superficie específica y la relación entre el ancho y la altura. También se estudia su capacidad de adherencia, la distribución según su volumen y su estructura interna.
- Propiedades químicas: Incluye el análisis de la composición, la estructura de sus moléculas y el estado de agregación (sólido, líquido o gaseoso). Además, se observa su capacidad de atracción hacia moléculas de aceite o agua.
Clasificación según sus dimensiones
La forma más común de organizar estos materiales es a través de sus dimensiones físicas. Se dividen en cuatro grupos principales:
- Nanomateriales de dimensión 0: En esta categoría todas sus dimensiones se encuentran dentro de la escala nanométrica. Ejemplos destacados son los fullerenos, las nanopartículas de plata (Ag) y oro (Au), las nanoarcillas y los denominados quantum-dots.
- Nanomateriales unidimensionales: Poseen dos dimensiones en la nanoescala. Aquí se ubican las nanofibras y los nanotubos de carbono, utilizados frecuentemente para potenciar la conducción eléctrica en productos como pinturas y adhesivos.
- Nanomateriales bidimensionales: El original indica que este grupo posee tres dimensiones dentro de la nanoescala. El ejemplo más relevante es el grafeno, junto con los nanocoatings y nanofilms. El grafeno destaca especialmente en la medicina por su capacidad para el transporte y suministro de medicamentos.
- Nanomateriales tridimensionales: Se diferencian porque no poseen dimensiones dentro de la escala nano. Un ejemplo común es el óxido de tungsteno.
Ejemplos comunes en la industria
Existen diversos elementos que pueden ser procesados bajo estas escalas. Entre los más habituales encontramos metales, polímeros, carbonos y semiconductores. Algunos ejemplos específicos que se utilizan habitualmente son:
- Metales como el cobre, zinc, plata, oro, estaño y plomo.
- Sustancias como el germanio, silicio y óxido de titanio.
- Compuestos como el carbono negro y el fullereno.

La tecnología como herramienta de seguridad
Es natural que la presencia constante de la tecnología en nuestra vida cotidiana genere ciertas dudas o inseguridades. No obstante, la forma más eficaz de mitigar este desconcierto es a través de la adquisición de nuevas habilidades y conocimientos técnicos.
Por ejemplo, comprender en qué consisten amenazas como el phishing es vital para evitar caer en estafas digitales. Estar informado no solo protege nuestro patrimonio e integridad, sino que nos capacita para alertar a nuestro entorno sobre actividades dudosas en plataformas digitales, fortaleciendo la seguridad colectiva.
Fuente: Infobae