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Descubren ‘hielo inflamable’ y vida extrema en el Ártico profundo

Un grupo internacional de investigadores ha protagonizado un hallazgo sin precedentes en las profundidades del océano Ártico, revelando un mundo oculto de “hielo inflamable” y organismos que desafían las condiciones más hostiles de la Tierra. A una profundidad abismal de 3.640 metros, en la zona conocida como la dorsal de Molloy, se localizaron los “montículos Freya”, formaciones geológicas compuestas por hidratos de gas.

Estas estructuras son básicamente cristales de agua y gas que se mantienen sólidos gracias a la extrema presión del fondo marino. Lo más fascinante es que estos depósitos, los más profundos jamás registrados en el mundo, sirven de hogar para ecosistemas vibrantes conformados por caracoles y gusanos tubulares que no dependen de la luz solar para sobrevivir.

Un laboratorio natural de metano y petróleo

La investigación, que fue destacada por la prestigiosa revista Nature Communications, explica que la vida en estos montículos prospera gracias a un proceso llamado quimiosíntesis. En lugar de fotosíntesis, estos organismos extraen energía directamente del metano y el petróleo que emanan del subsuelo marino.

Fauna de los montículos de hidrato incluye gusanos Sclerolinum, poliquetos maldanidos, anfípodos melítidos, caracoles y bivalvos Thyasirid (UiT / Ocean Census / REV Ocean. Panieri, et. al., 2025)

Los científicos detectaron que el gas almacenado es de origen termogénico, generado por el calor interno de la Tierra sobre materia orgánica antigua. Además, hallaron rastros de petróleo crudo proveniente de rocas madre que datan del periodo Mioceno, cuando la región era un sistema de lagos antes de convertirse en el océano que conocemos hoy.

Conexiones biológicas inesperadas

Uno de los puntos más llamativos del estudio es la similitud de estas especies con las que habitan en chimeneas volcánicas submarinas. Para entender mejor estas comparaciones, se utilizó el índice de Sørensen, arrojando los siguientes datos:

Lugar del Hallazgo Profundidad Similitud Biológica
Montículos Freya 3.640 metros Referencia
Campo Hidrotermal Jøtul Variable 59% de parentesco

Esta conexión sugiere que existe una verdadera “autopista ecológica” en el fondo del mar, permitiendo que especies de ambientes fríos (filtraderos de metano) y calientes (fuentes hidrotermales) compartan linajes y se desplacen por el abismo.

Este hallazgo en el Ártico representa los depósitos de hidratos más profundos conocidos hasta la fecha en todo el mundo, según la investigación (REUTERS/Lisi Niesner)

Riesgos climáticos y la amenaza de la minería

El descubrimiento no es solo una curiosidad biológica; tiene implicaciones críticas para el cambio climático. Los hidratos de gas funcionan como enormes reservorios de carbono. Si el océano continúa calentándose, estos depósitos podrían desestabilizarse y liberar cantidades masivas de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO2.

Un detalle que preocupa a los expertos es la capacidad de las burbujas de metano para ascender. Gracias a que el petróleo de la zona recubre las burbujas con una especie de “piel protectora”, estas logran subir más de 3.000 metros sin disolverse, llegando a estar a solo 300 metros de la superficie.

El equipo utilizó el buque Kronprins Haakon e inmersiones con el ROV Aurora, combinando tecnologías de última generación (Martin Hartley / The Nippon Foundation–Nekton Ocean Census)

Tecnología de vanguardia para la exploración

Para lograr estas imágenes y muestras, la expedición utilizó el buque de investigación Kronprins Haakon y el vehículo operado por control remoto (ROV) Aurora. Estas herramientas permitieron mapear en alta resolución los montículos y capturar la biodiversidad mediante macrofotografía antes de realizar análisis genéticos en tierra firme.

Los montículos Freya emiten columnas de burbujas de metano que ascienden hasta quedar a solo 300 metros de la superficie del mar (Imagen Ilustrativa Infobae)

Finalmente, los especialistas lanzan una advertencia sobre el futuro de estas zonas ante la posible minería submarina. La fragilidad de estos ecosistemas y su papel en el equilibrio global exigen una protección rigurosa.

“Los vínculos que hemos hallado indican que estos hábitats insulares deben protegerse de cualquier impacto futuro de la minería de aguas profundas. Comprenderlos es esencial para salvaguardar la biodiversidad”, señalaron los líderes de la misión científica.

Fuente: Infobae

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