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Gota: Misterios, mitos y cómo combatirla efectivamente

La gota, una dolencia articular que causa un dolor insoportable y, lamentablemente, es cada vez más común, enfrenta un obstáculo significativo: el estigma social, que a menudo impide a quienes la padecen buscar la ayuda médica necesaria.

Hace más de una década, Kyle Edmondson, un joven diseñador de productos en Kentucky, experimentó un dolor agudo e incapacitante en el pie tras una noche de celebración. Inicialmente, un médico atribuyó el malestar a un simple golpe, recomendando reposo. Sin embargo, el dolor persistió y reaparecía periódicamente, llegando a tal punto que Edmondson necesitó muletas y calzado especial para aliviar la agonía, describiendo la sensación como si sus articulaciones estuvieran «llenas de cristales rotos».

Pasaron aproximadamente cinco años de recaídas constantes hasta que un nuevo especialista finalmente diagnosticó a Edmondson con gota. Este caso no es aislado; a nivel mundial, la incidencia de la gota se ha disparado en más de un 20 por ciento desde 1990. En Estados Unidos, más de 12 millones de personas conviven con esta enfermedad, siendo cuatro veces más común en hombres que en mujeres, quienes parecen beneficiarse de un efecto protector de sus niveles de estrógeno.

A pesar de su creciente prevalencia, la gota aún arrastra el mito de ser la «enfermedad de los reyes», asociada exclusivamente a excesos alimenticios y alcohólicos. Esta percepción errónea lleva a que incluso los profesionales de la salud prioricen recomendaciones dietéticas superficiales sobre tratamientos médicos establecidos. De hecho, solo un tercio de los pacientes diagnosticados reciben medicación para controlar la gota, y muchos de ellos, con dosis insuficientes para ser verdaderamente efectivas.

Las festividades, con su abundancia de carnes rojas y bebidas alcohólicas, pueden representar un período de alto riesgo para quienes no manejan adecuadamente esta condición. Entender la gota, sus causas y las estrategias efectivas de manejo es crucial, especialmente ante la proximidad de celebraciones.

¿Qué es realmente la gota?

La gota es una condición que aqueja a la humanidad desde tiempos remotos; incluso se ha encontrado evidencia en fósiles de tiranosaurio rex. Sin embargo, los humanos poseemos ciertas mutaciones genéticas que nos hacen más susceptibles que otros primates.

La raíz del problema radica en niveles elevados de urato, conocido comúnmente como ácido úrico, en la sangre. Este urato se produce principalmente por la descomposición de las purinas, sustancias químicas presentes de forma natural en nuestro cuerpo, y también incorporadas a través de la dieta. Alimentos como la carne roja y los mariscos son ricos en purinas, pero también se encuentran en vegetales como las espinacas y los espárragos.

Por lo general, nuestros riñones son eficientes filtrando el urato. Pero en personas con gota, la cantidad excede la capacidad del cuerpo para procesarla, llevando a la cristalización del urato y su depósito en las articulaciones. Con el tiempo, estos cristales pueden formar bultos, conocidos como tofos, capaces de dañar las articulaciones y huesos, aunque el dolor agudo dure solo algunas semanas por episodio.

«Lo que lo desencadena es la exposición por la dieta, pero no es la causa de fondo.» – Tony Merriman, epidemiólogo de la Universidad de Alabama en Birmingham.

Un estudio de 2018 liderado por Merriman y su equipo, analizando datos de más de 16,000 personas, reveló que la genética es el factor predominante en el riesgo de desarrollar gota. La dieta, si bien influye, explica menos del 0.33% de las variaciones en los niveles de ácido úrico, mientras que la genética explica aproximadamente cien veces más.

Ciertas poblaciones, como las de ascendencia polinesia o hmong, tienen una predisposición genética mayor. Factores como la obesidad, la hipertensión arterial y las enfermedades cardíacas también incrementan el riesgo, ya que impactan en la forma en que el cuerpo regula el ácido úrico.

El camino correcto hacia el tratamiento

En la era digital, es fácil caer en desinformación sobre la gota. Un reciente análisis de videos populares en TikTok sobre la enfermedad evidenció que la mayoría enfatizaba dietas bajas en purinas y promovía remedios herbales dudosos. Sorprendentemente, solo dos videos mencionaron el alopurinol, el fármaco de primera línea para reducir los niveles de ácido úrico.

Ivan Haworth, de 45 años, quien padece gota y enfermedad renal crónica, relató cómo recurrió al jugo de cereza por desesperación, llegando a experimentar «ideas suicidas» debido al dolor incapacitante. Tras años de búsqueda, un médico finalmente le explicó el daño de la gota y le prescribió la medicación adecuada.

El manejo de un ataque agudo de gota suele incluir analgésicos de venta libre o colchicina. Sin embargo, para quienes experimentan dos o más brotes anuales, o presentan tofos, el Colegio Americano de Reumatología recomienda la medicación para reducir el ácido úrico. Esta recomendación se extiende a personas con enfermedad renal crónica o antecedentes de cálculos renales.

Ajustar la dosis de alopurinol es un proceso que requiere tiempo. Debe iniciarse a dosis bajas y aumentarse gradualmente para prevenir daños renales.

¿Qué rol juega la alimentación?

Según Hyon Choi, director del Centro de Gota y Artropatía Cristalina de la Facultad de Medicina de Harvard, las dietas bajas en purinas solo deberían seguirse a corto plazo para quienes inician medicación o tienen dificultades para controlar sus niveles de ácido úrico.

Eludir las purinas a largo plazo puede implicar un mayor consumo de carbohidratos y grasas, lo que podría afectar negativamente la salud metabólica. Por ejemplo, una dieta rica en jarabe de maíz de alta fructosa puede elevar los niveles de ácido úrico. Es importante destacar que las verduras ricas en purinas no parecen aumentar significativamente el riesgo de desarrollar gota.

Choi sugiere que las personas con gota se enfoquen en la pérdida de peso y adopten regímenes como la dieta DASH o la mediterránea, conocidas por sus beneficios en la reducción de la presión arterial.

El experto también señala que medicamentos como Ozempic y otros agonistas del GLP-1, utilizados para la pérdida de peso, podrían contribuir a un mejor control del ácido úrico, aunque esta área aún está bajo investigación.

Kyle Edmondson, tras ocho años tomando alopurinol diariamente y monitorizando sus niveles de ácido úrico, que idealmente deben mantenerse por debajo de 6.8 miligramos por decilitro, no ha sufrido brotes en años. Su último registro fue de 4.8 mg/dL. «Preferiría no tomar medicamento,» confiesa, «pero la alternativa es mucho peor».

Fuente: Infobae

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