El cambio de estación, marcado por la llegada del frío y el invierno, no solo trae consigo días más cortos y temperaturas gélidas, sino que también impone a nuestro organismo una serie de desafíos. Esta adaptación a un entorno más demandante puede tener un impacto significativo en nuestra salud, especialmente incrementando la incidencia de eventos cardiovasculares como los ictus y los infartos.
Las estadísticas muestran un incremento preocupante de estas patologías durante los meses más fríos. Según expertos, en días de temperaturas extremadamente bajas, el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular o un infarto puede aumentar hasta en un 50%. Otras investigaciones, publicadas en prestigiosas revistas científicas, sugieren cifras menores pero igualmente relevantes, alrededor del 10%.
Este fenómeno se explica por la respuesta natural de nuestro cuerpo al frío: la vasoconstricción. El doctor Marius Lekker detalla que, al sentir frío, nuestros vasos sanguíneos tienden a contraerse, haciéndose más estrechos. Esta es una medida del cuerpo para conservar el calor y mantener la temperatura central.
La vasoconstricción conlleva un aumento de la presión arterial, lo que significa que nuestros vasos sanguíneos se encuentran más «apretados» y con un flujo de sangre menos fluido. A esto se suma un factor crucial: la tendencia a beber menos agua en invierno. La sensación de sed puede disminuir hasta en un 40%, lo que lleva a una sangre más densa. Como resultado, el corazón debe esforzarse considerablemente más para bombearla.
Este mayor esfuerzo se traduce en un incremento de la frecuencia cardíaca, un alza en la presión arterial y un aumento general del gasto cardíaco. Para quienes ya padecen problemas cardiovasculares, este escenario puede desencadenar infartos y otras complicaciones graves. Además, la presencia de placas de ateroma o colesterol en las arterias se vuelve más riesgosa, aumentando la probabilidad de que estas se rompan.
No podemos obviar otros factores que se agudizan en invierno, como el sedentarismo y una dieta que tiende a ser más rica en grasas. Las infecciones respiratorias, más comunes en esta época, también pueden desestabilizar a pacientes con afecciones cardíacas preexistentes, creando un ambiente propicio para el aumento del riesgo cardiovascular.
Claves para la Prevención Cardiovascular en Invierno
Para mantener nuestro corazón protegido y disfrutar de una mejor calidad de vida, es fundamental adoptar y mantener hábitos saludables. Los especialistas del grupo Quirón enfatizan que estos cambios, por sencillos que parezcan, tienen un impacto profundo y duradero en la salud cardiovascular.
Una alimentación balanceada y rica en nutrientes es el pilar de la prevención. Prioriza el consumo de frutas y verduras frescas, cereales integrales, legumbres y proteínas magras como el pescado y el pollo sin piel. Incorpora grasas saludables presentes en el aceite de oliva, frutos secos y aguacate. Es vital reducir el consumo de carnes rojas, alimentos ultraprocesados, comida rápida, así como la ingesta de sal y azúcares añadidos.
La actividad física regular es otro componente esencial. Mantenerse activo fortalece el corazón, ayuda a controlar la presión arterial y contribuye a un peso saludable. Se recomienda al menos 150 minutos semanales de ejercicio de intensidad moderada, como caminatas rápidas, natación o ciclismo. Si tienes alguna condición de salud, consulta siempre con un profesional antes de iniciar un programa de ejercicio.
Mantener un peso corporal adecuado es crucial para no sobrecargar el corazón. Incluso una pérdida moderada de peso puede mejorar significativamente la salud cardiovascular. La combinación de una dieta saludable y ejercicio es la estrategia más eficaz para lograr y mantener un peso óptimo.
Dejar de fumar representa una de las decisiones más importantes para la salud cardíaca. Fumar daña los vasos sanguíneos, eleva la presión arterial y reduce el oxígeno que llega al corazón. Existen múltiples recursos de apoyo, como tratamientos médicos y programas de deshabituación, que incrementan las posibilidades de éxito.
El manejo del estrés y asegurar un descanso reparador son igualmente vitales. El estrés crónico puede afectar negativamente al corazón; por ello, aprender técnicas de relajación como la respiración profunda, la meditación o el yoga puede ser muy beneficioso. Dormir entre siete y ocho horas diarias promueve el equilibrio del organismo y disminuye el riesgo cardiovascular.
Fuente: Infobae