• agosto 9, 2022

Ante el proceso inflacionario mundial es recomendable bajar las deudas y controlar el gasto; habrá efectos para Ecuador

 Ante el proceso inflacionario mundial es recomendable bajar las deudas y controlar el gasto; habrá efectos para Ecuador
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Una recuperación más lenta del empleo pleno o adecuado que agrupa a las personas que ganan igual o más que el salario mínimo (425 dólares) es una de las consecuencias del proceso inflacionario y la desaceleración de la economía a nivel mundial.

Países como Estados Unidos registran una escalada de precios del 9,1 % (inflación anual) en junio pasado, el récord más alto en 40 años. Para controlar el incremento, la Reserva Federal de la principal potencia mundial subió 0,75 % la tasa de interés esta semana, situándola en el rango de entre 2,25 % a 2,5 %.

El costo más elevado de la gasolina, el aumento de los alquileres y el encarecimiento de los alimentos impulsó a la inflación estadounidense y el nivel de aumento de las tasas de interés sería insuficiente para frenar la escalada del costo de la vida, concuerdan analistas.

Los organismos multilaterales de crédito como el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya recortaron las proyecciones de crecimiento de la economía mundial y de EE. UU. con el peligro de entrar en recesión económica para 2023. Y el Banco Mundial prevé un escenario de alta inflación en el planeta.

”En estas perspectivas inciden también la crisis internacional Rusia-Ucrania, el encarecimiento de materias primas, así como los problemas logísticos globales (del movimiento de las mercancías por barcos)”, indica Marco Rodríguez, presidente ejecutivo subrogante de la Asociación de Bancos Privados del Ecuador (Asobanca).

¿Pero por qué hay que hacer seguimiento de la evolución de la inflación en EE. UU.?

Analistas entrevistados consideran que la situación deja su impacto en Ecuador, al igual que en el resto de países de la región, ya que se trata del principal comprador de los productos de exportación ecuatorianos, lo que se vería limitado porque el aumento de las tasas de interés puede provocar un efecto económico recesivo.

Es decir, el crecimiento de las exportaciones ecuatorianas sería menor a lo esperado, con lo que no subiría de forma significativa la creación de empleos de calidad que garantizan al menos un ingreso igual o mayor al mínimo.

Un segundo impacto es respecto a lo que envían los migrantes. “El crecimiento más lento de los países desarrollados implica una menor demanda de trabajadores, entonces las remesas que llegan bajarían su ritmo de expansión”, dice Alberto Acosta Burneo, editor de la revista Análisis Semanal.

Un tercer efecto sería el incremento del costo del dinero con mayores tasas de interés en el exterior. “La era del dinero barato termina. No todo el crédito que se otorga en Ecuador proviene de fondos externos, pero si una parte como el microcrédito, entonces sí habrá una presión para un aumento de las tasas de interés internas debido a este entorno internacional”, agrega.

Una recomendación puntual es tener cautela en estos periodos de incertidumbre en cuanto al endeudamiento que se pueda asumir. “Lo importante siempre es consumir en función de la capacidad real para no caer en sobreendeudamiento sobre todo en un entorno en el que el mercado laboral no está en su mejor momento y con un costo del financiamiento que tenderá a elevarse”, agrega.

Un consejo es analizar más detenidamente al asumir un crédito de consumo, cuya tasa referencial llega a 15,89 % este mes.

Rodríguez reconoce que los cambios en las tasas de interés internacionales podrían implicar para Ecuador, que el financiamiento externo, tanto para instituciones públicas y privadas, tenga un costo mayor al actual. “Será más caro, pero habría que analizar el impacto en los siguientes meses analizando el desempeño de la economía mundial y el financiamiento”.

Los últimos datos indican que el índice de precios al consumidor tuvo una escalada del 4,23 % (inflación anual) en comparación al costo de la vida registrado en el mismo mes del 2021 en el país, impulsado principalmente por los valores de los alimentos y el transporte.

Los productos que tienen más elevaciones son la zanahoria amarilla (59 %), gasolina de alto octanaje (50 %) y el aceite vegetal (45 %).

El costo de la canasta básica familiar alcanzó el máximo histórico del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) con 751,04 dólares en junio último. Esta incluye a 75 productos y servicios imprescindibles para satisfacer las necesidades básicas de un hogar promedio de cuatro miembros.

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La escalada de precios en Ecuador es limitada en comparación a Colombia y Perú que registran inflaciones anuales de 9,67 % y 8,8 %, en su orden, ambos récords de décadas.

La dolarización establecida en 2000 en medio de una crisis financiera histórica imposibilita la impresión de billetes en el país, lo que frena una mayor escalada de precios, indica Karina Moya, directora de la consultora económica Dichter&Neira.

Pero esto no libra totalmente de la incidencia de los factores externos e internos. “Las consecuencias de la crisis sanitaria del COVID-19, la paralización de junio pasado y la inflación al alza a nivel mundial han generado una ola de cambios”.

Un estudio de la consultora revela que el número de transacciones que se realizan en las 100.000 tiendas del país no alcanzaba a recuperarse hasta el 10 de julio de este mes, ya que no llegaba a los niveles que había antes del paro de junio.

El contexto actual lleva a que la ciudadanía cuide más su bolsillo, agrega Moya. “Es un periodo en el que tenemos que ajustarnos y conseguir un control del gasto en cada hogar, entender que es básico y que no, en qué puedo ahorrar. Uno de los rubros que no recomiendo ajustar es la educación, lo único que permitirá tener mejores competencias y a futuro dará mayores ingresos”.

Lo que se gasta tras un impulso que llega casi sin pensar, como salir a comer, hay que manejarlo de forma más estricta, mientras la situación mejora. “En lo posible tratar de bajar las deudas porque en todo proceso inflacionario normalmente existen políticas monetarias en las que se aumentan las tasas de interés, entonces se pagará más por un crédito, y ante la reducción del dinero porque va a valer menos, se terminará pagando más”.

Gastar lo que se tiene y evitar la costumbre de cancelar el mínimo en las tarjetas de crédito ya que la diferencia genera intereses, es otra de las recomendaciones. Una opción, agrega Moya, es hacer compras colectivas y dividir los víveres entre el número de familias que se unan, ya que siempre habrá un ahorro al adquirir los productos al por mayor.

Identificar ofertas y sustituir productos y servicios es otra de las alternativas. El ahorro se dificulta durante los periodos de alta inflación, indica Moya, por lo que la recomendación es también conseguir ingresos adicionales, sobre todo los que ganan menos del salario mínimo.

“La pandemia cambió la forma de trabajar, entonces la tecnología abre puertas, comunicarse entre la gente, y lograr acceso a trabajos con ingresos menores, pero por lo menos tenerlos”.

Rodríguez reconoce que los cambios en las tasas de interés internacionales podrían implicar para Ecuador, que el financiamiento externo, tanto para instituciones públicas y privadas, tenga un costo mayor al actual.

“Será más caro, pero habría que analizar el impacto en los siguientes meses analizando el desempeño de la economía mundial y el financiamiento”.

La demanda lleva a que los créditos y depósitos en la banca sigan al alza. La cartera de crédito de la banca privada cerró en 36.121 millones de dólares en junio de este año, el 18,1 % más que el mismo mes de 2021.

Lo que además de representar una cifra récord, dice Rodríguez, también demuestra como los bancos acompañan la recuperación de la economía.

Los depósitos del sistema bancario privado sumaron 40.930 millones de dólares en junio de 2022, un incremento anual del 7,7 % equivalente a 2.942 millones de dólares más.

El consumo final de los hogares creció 10,2 % en 2021 respecto al 2020 y el total gastado ya supera a lo registrado durante 2019, antes de la pandemia.

El último reporte del Banco Central del Ecuador, al respecto, indica que el consumo de los hogares subió 6,7 % en el primer trimestre de 2022 respecto al mismo periodo del año pasado debido al incremento de remesas, importaciones y los créditos de consumo, lo que es clave ya que este rubro representa el 60 % del Producto Interno Bruto (PIB) -valor monetario de todos los bienes y servicios producidos en un periodo determinado de tiempo-.

Los recursos petroleros reducen el hueco del presupuesto estatal

Hay infraestructura petrolera para transportar el crudo desde la Amazonía hacia el puerto de Esmeraldas.

El alto precio del petróleo, similar al que hubo durante gran parte del periodo presidencial de Rafael Correa, no tiene las mismas consecuencias actualmente ya que estos recursos van al pago de la deuda pública agregada (externa e interna), que a mayo pasado llegaba a 72.247 millones de dólares, el 63 % del PIB.

“Con los recursos petroleros se reduce el déficit fiscal, pero aún la necesidad de dinero es de seis mil millones de dólares al año”, dice el analista Acosta.

La deuda pública representó el 18 % del PIB en 2011, sin embargo, subió y casi cubría el 50 % del PIB en 2017, año en que se dio el cambio de régimen de Correa a Lenín Moreno.

Durante el correísmo se aplicó también una metodología que excluía algunos rubros de la deuda pública que en la actualidad ya se reconocen e incluyen.

“Todo el dinero petrolero que se recibió en ese entonces se utilizó en inversión y gasto público, en cambio en la actualidad tenemos un alto endeudamiento fiscal, entonces que suba el precio del petróleo da ingresos adicionales, pero lo único que hace es reducir el hueco, que el faltante sea algo menor, pero sigue faltando”, asegura el especialista.

El proceso inflacionario mundial responde a la emisión de billetes en medio de la pandemia con el fin de financiar la entrega de bonos a las familias y subsidios para mantener las economías a flote mientras las personas se mantenían en casa, la misma política aplicada durante la crisis de la burbuja inmobiliaria que enfrentó EE. UU., la Unión Europea y el mundo en el 2009.

“Lo que no se dieron cuenta es que el entorno del COVID-19 fue distinto al de la crisis financiera, ya que la emergencia sanitaria restringió la oferta y la producción con problemas logísticos navieros, entonces el resultado fue el incremento de precios ya que hubo un impulso de la demanda”, afirma Acosta. (I)

Fuente: El Universo