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Un paraguas protector para la política exterior en tiempos de liderazgos líquidos

Un clásico de las campañas electorales en el mundo en general y en un país como la Argentina en particular, con 13 años sin crecimiento económico sostenido y una proyección de inflación de más de 150 porciento, es la brecha entre las promesas y lo que finalmente se podrá realizar. A esto se suma una generalizada crisis de los partidos políticos tradicionales y la aguda erosión de las lealtades hacia los mismos.

La era de las redes sociales potencia la tendencias a que cada individuo se informe eligiendo una multiplicidad de cuentas y redes, las cuales usualmente reafirman sus preferencia y formas de ver la realidad. Aparecen núcleos intensos ideológicos o barras bravas de la política que si bien no son mayoritaria, tienden a marcar la agenda por su activismo y visibilidad.

Para completar el panorama, la presencia de liderazgos líquidos que en el corto plazo caen en agudas crisis de confianza y derrotas electorales. Esa misma fragilidad, los lleva a manotazos de ahogados como Castillo buscando cerrar el Congreso en Perú Boric confirmándose con hablarle a un 25 o 30 por ciento del electorado y dejando pasar el tiempos hasta la próxima derrota y esperar el fracaso de un eventual gobierno de derecha que lo suceda. Hasta un político experimentado y usualmente pragmático como Lula, en este tercer mandato parece tentado a subirse a esa lógica de amigo enemigo y apuntar su mensaje a la minoría intensa del PT.

En el caso argentino 2023 y luego de cuasi triple empate, la figura del candidato Milei pone el centro de la escena y de manera potenciada la dinámicas antes mencionadas. En los últimos días, ya comenzó combinar el intentar moderar o relativizar la posibilidad de rápidas ejecución de temas como la dolarización, recorte masivo del gasto público y cierre de mas de una decena de Ministerios y reparticiones publicas con polémicas referencias a su eventual política exterior.

En especial su advertencia a que no buscaría articular una estrategia de relacionamiento con la República Popular China y el Brasil mientras este gobernado por el PT. En ambos casos, sería por el ideario comunista de sus gobernantes.

Más allá de que con el correr de días y semanas estos temas se incluyan en el largo listado de cuestiones que se relativizaran o directamente se olvidaran, cabe hacer algunas reflexiones. Un principio básico de un buen manejo de la política exterior de los Estados y en especial de países con la crisis y fragilidad de la Argentina, es no usar anteojeras ideológicas. La guía básica debe ser el interés nacional y una clara y realista percepción de las fortalezas y debilidades propias y la de los otros Estados.

El Kirchnerismo ya jugó a usar la política exterior como un club de amigos que piensa igual y los resultados están a la vista. Ya nadie se acuerda del Grupo Puebla liderado por el México de Amlo y el Brasil gobernado por Lula explicó clarito que Brasilia le daba apoyo moral a la Casa Rosada pero no plata.

Dos décadas de kirchnerismo chocando y friccionado con los EEUU, concluyen ahora con decenas de viajes de funcionarios y Ministros a Washington para lograr el salvavidas del FMI. Institución en donde la superpotencia americana tiene un peso decisivo y también sus aliados accidentales, capitalistas y democráticos como Japón y Alemania.

La última reunión del Unasur con la presencia del dictador Maduro, terminó en un fracaso diplomático que provocó serio malestar en el muy profesional cuerpo diplomático de Itamarary. Asumiendo que la postura libertaria o anarco populista de derecha, como se lo ve en ciertos ámbitos académicos y políticos del mundo, sea en serio creer en poder cortar lazos con Brasil y China, caben algunas reflexiones.

Todas las principales potencias democráticas, liberales y accidentales del mundo o sea los EEUU, la Unión Europea, Reino Unido, Japón, Canadá, etc., mantiene una fluida relación comercial y económica con Beijing. El mismo Vaticano e Israel se suman a ese listado. La creciente configuración de una competencia bipolar entre los EEUU y China, en ningún momento incorpora la idea, en ninguno de las dos superpotencias, de derribar más de 4 décadas de interdependencia.

Mas de 130 mil chinos todos los años cursan en las principales universidades americanas y el comercio bilateral llegó a un récord de 600 mil millones de dólares en el 2022.

A partir de 1972 cuando el gobierno militar del General Lanusse inicio las relaciones diplomáticas con China, todos los gobiernos argentinos la mantuvieron y profundizaron. Tal como lo hicieron con la misma URSS hasta su caída en 1991.

Desde ya, el próximo Presidente podrá recuperar y reforzar el vínculo estratégico y de seguridad con Washington. Donde los intereses nacionales se combinan con el compartir los valores de la democracia, los derechos individuales y el respeto de los DDHH sin distinción de ideología y religión.

Cabe recordar que durante estos últimos años China paso ser un creciente acreedor de la Argentina por el uso masivo de los denominados swaps. Además es un mercado natural para nuestras materias primas de todo tipo. Los libertarios argentinos deberían recordar que fueron la dupla Nixon y Kissinger los que abrieron la puerta de China a la ONU y a la economía capitalista occidental. Nadie podría dudar del firme anti comunismo de ese Presidente de los EEUU. Los intereses nacionales pesaron mas que las preferencias y eslóganes.

El propio Menem durante sus dos presidencias fue un inacabable crítico de la dictadura cubana sin que ello implicase cerrar canales diplomáticos entre ambos países.

No hay desarrollo capitalista de la Argentina sin una adecuada e inteligente articulación de la relaciones económico comerciales y financieras con Washington y Beijing, sin olvidar desde ya actores claves como la Unión Europea, Japón, India y desde ya Brasil. Hablando de ese último, a partir de la superación de la hipótesis de guerra en 1979 durante los gobiernos militares de ambos países, el vínculo bilateral siguió avanzando en todos los planos. Dos figuras tan diferentes como un socialdemócrata como Alfonsín y un político de derecha feudal como Sarney, dieron pasos gigantescos en ese sentido.

Sentando las bases para las medidas de confianza mutua en el área nuclear. En los años 90 un conservador popular como Menem y un socialdemócrata como Cardoso, dieron forma al Mercosur y al régimen automotriz. Pieza clave del sector industrial argentino.

En un mundo con dos gigantes como los EEUU y China, uno de los mayores de desafíos de la Argentina será la articulación de cierta masa crítica de poder, justamente con países como Brasil y el mismo Chile. Una versión 2.0 del ABC que con tan buenos ojos vieron los dirigentes y decisores de la dorada Argentina liberal de 1880 1930.

Por todo ello, pongamos las cuestiones de política exterior bajo un paraguas de prudencia, pragmatismo, de visiones de largo plazo y política de Estado. Que no se repita el garrafal error del kirchnerismo de ver esa área tan sensible como una mera extensión de los relatos y jueguito internos para la tribuna. Sería cambiar para que nada cambie. El símbolo libertario argentino debe seguir siendo el león y no el gatopardo.

Fuente: Infobae

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